Mensaje del Día – Debemos trabajar para ser personas creíbles
Hoy le pido a Dios que examine nuestro corazón con amor y verdad, y que nos ayude a vivir de una manera que honre Su nombre en todo lo que hacemos en nuestra vida cotidiana.
Vivimos en un tiempo en el que las palabras vacías abundan, pero la credibilidad escasea. Todos escuchamos promesas, discursos y buenas intenciones, pero muchas veces lo que se dice no coincide con lo que se vive. Esto genera desconfianza, cansancio y una profunda decepción en las relaciones humanas.
Sin darnos cuenta, esta misma dinámica puede infiltrarse y penetrarnos en nuestra vida cristiana. Podemos hablar de fe, de valores y de principios bíblicos, pero si nuestra conducta diaria no respalda ni refleja esas palabras en acciones, el mensaje pierde fuerza. No porque el evangelio sea débil, sino porque el mensajero no refleja lo que anuncia.
Dios no nos llama a ser perfectos, pero sí a ser coherentes. La credibilidad no se construye en un púlpito ni en una red social, sino en la vida cotidiana: en casa, en el trabajo, en cómo tratamos a los demás y en cómo respondemos cuando nadie nos está observando.
Historia
Alguien me contó la historia de un creyente que trabajaba en una empresa donde todos sabían que era cristiano. Oraba antes de comer, hablaba abiertamente de su fe y llevaba siempre una Biblia en su escritorio. Sin embargo, con el tiempo, sus compañeros comenzaron a evitarlo. No por su fe, sino por su conducta.
Este hombre solía llegar tarde, justificarse constantemente y culpar a otros por sus errores. Cuando surgían conflictos, hablaba de amor y perdón, pero en privado murmuraba y sembraba desconfianza. Un día, uno de sus compañeros le dijo con honestidad: “No dudo de lo que crees, pero me cuesta creer en ti”.
Aquellas palabras lo sacudieron profundamente. Entendió que su testimonio no estaba siendo dañado por el evangelio, sino por la falta de coherencia entre su fe y su manera de vivir. A partir de ese momento, decidió trabajar en su carácter, en su responsabilidad y en su integridad diaria. Con el tiempo, sin grandes discursos, su credibilidad fue restaurada.
Versículos a meditar
“El justo lleva una vida íntegra; benditos son sus hijos después de él.” (Proverbios 20:7, NVI)
“Por su fruto los conocerán.” (Mateo 7:20, NVI)
REFLEXIÓN
La Biblia nos muestra que la credibilidad está profundamente ligada a la integridad. No se trata de una imagen pública bien construida, sino de una vida alineada con la verdad de Dios. El justo no es aquel que nunca falla, sino aquel que camina con honestidad, reconoce sus errores y busca vivir conforme a lo que cree; cualquier acercamiento sincero al Evangelio produce cambios que se notan en lo cotidiano.
Jesús fue claro al enseñar que las personas no son conocidas por lo que dicen, sino por su fruto. El fruto es visible, constante y comprobable con el tiempo. Nuestras actitudes, reacciones y decisiones revelan quién gobierna realmente nuestro corazón. Allí es donde la fe se vuelve creíble o se contradice.
Cuando no hay coherencia, el mensaje pierde autoridad. Las personas pueden escuchar, pero no confiar. En cambio, cuando nuestras acciones respaldan nuestras palabras, el evangelio se vuelve tangible, cercano y atractivo. No porque nos vean como personas extraordinarias, sino como personas auténticas.
Trabajar para ser personas creíbles es un llamado espiritual profundo. Implica permitir que Dios forme nuestro carácter, ajuste nuestras motivaciones y nos enseñe a vivir con humildad y responsabilidad. La credibilidad no se exige; se gana con una vida rendida a Cristo.
Aplicación diaria
- Examina si tus acciones diarias confirman o contradicen lo que dices creer.
- Practica la integridad en lo pequeño, aun cuando nadie esté observando.
- Reconoce tus errores con humildad y aprende a pedir perdón cuando falles.
- Permite que Dios trabaje en tu carácter antes que en tu reputación.
- Recuerda que un testimonio creíble abre puertas que las palabras no pueden abrir.
Ps. Eudomar Rivera