fbpx

No es suerte, es Dios obrando

No es suerte, es Dios obrando

Le pido a Dios que hoy abras tus ojos para reconocer Su mano obrando en cada detalle de tu vida.

Muchas veces usamos la palabra “suerte” para explicar lo que no entendemos.
Cuando algo sale bien, cuando una puerta se abre, cuando el peligro se evita por poco, decimos: “tuve suerte”.
Es una forma rápida de ponerle nombre a lo inesperado, a lo que no planeamos, a lo que no controlamos.

Sin embargo, esa forma de hablar también revela algo más profundo.
Revela que vivimos tan acelerados que no siempre nos detenemos a discernir quién está realmente detrás de los acontecimientos.
Confundimos la providencia con casualidad, y el cuidado de Dios con coincidencia.

Cuando miramos la vida solo desde la superficie, todo parece aleatorio.
Pero cuando aprendemos a mirar con fe, empezamos a notar un patrón distinto:
hay dirección, hay propósito, hay una mano amorosa sosteniendo lo que parecía frágil.

Historia

Alguien me contó la historia de un hombre que, una mañana común, salió tarde de casa.
Perdió el autobús que tomaba todos los días y llegó frustrado al trabajo, convencido de que todo estaba saliendo mal.
Más tarde se enteró de que ese mismo autobús había tenido un accidente grave en el camino.

Al principio se quedó en silencio, tratando de procesar la noticia.
Pensó en su enojo, en su prisa, en su queja constante por haber salido tarde.
Y entonces, con el corazón encogido, entendió algo que no había visto en el momento:
ese retraso no fue un error, fue una protección.

Ese día cambió su manera de interpretar la vida.
Dejó de decir “qué suerte tuve” y comenzó a decir “Dios me cuidó”.
No porque entendiera todo, sino porque reconoció que había una voluntad mayor obrando a su favor.

Versículos a meditar

“En su corazón el hombre planea su rumbo, pero el Señor determina sus pasos.” (Proverbios 16:9, NVI)

“Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman.” (Romanos 8:28, NVI)

REFLEXIÓN

La Biblia no deja espacio para una fe basada en la suerte.
Nos presenta a un Dios personal, activo y soberano, que no observa la vida desde lejos,
sino que interviene, guía y dirige incluso aquello que parece insignificante.
Nada escapa a Su conocimiento ni a Su cuidado.

Cuando atribuimos todo a la suerte, sin darnos cuenta le restamos valor a la fidelidad de Dios.
Es como si dijéramos que Él solo está presente en los grandes milagros,
pero ausente en los detalles cotidianos.
La Escritura, en cambio, nos muestra a un Dios que ordena los pasos, no solo los destinos.

Reconocer que Dios está obrando transforma nuestra manera de vivir.
Nos libera de la ansiedad por el control y nos invita a confiar incluso cuando no entendemos el proceso.
La fe madura no necesita explicarlo todo; necesita descansar en quién sostiene todo.

Cuando cambias “suerte” por “Dios obrando”, tu gratitud se profundiza.
Ya no celebras solo el resultado, sino también el camino.
Empiezas a ver cada día como una oportunidad para confiar, agradecer y caminar con humildad delante de Él.

Aplicación diaria

  1. Detente hoy y reconoce al menos un momento reciente donde Dios te cuidó o te guió, aunque en su momento no lo notaste.
  2. Cambia tu lenguaje: en lugar de decir “tuve suerte”, di conscientemente “Dios fue bueno conmigo”.
  3. Entrega a Dios aquello que no entiendes y decide confiar en Su dirección, no en tus propias conclusiones.
  4. Da gracias por los retrasos, los cambios de planes y las puertas cerradas, reconociendo que también allí Dios obra.

Ps. Eudomar Rivera

Compartelo:
Translate »
FHC Chatea ahora