MENSAJE DEL DÍA — 24 DE NOVIEMBRE
Le pido a Dios que hoy abra tus ojos para reconocer Su bondad incluso en lo que no esperabas.
Hay momentos en los que agradecemos por lo evidente: la salud, la familia, el trabajo, un nuevo día, una oración respondida. Pero hay otro tipo de gratitud que cuesta más, una que nace cuando miramos atrás y reconocemos que Dios estuvo obrando en cosas que en su momento no entendimos. Esa gratitud no surge de lo que vimos, sino de lo que Dios hizo sin que nosotros supiéramos.
Muchas de las bendiciones más profundas llegan sin anunciarse. A veces vienen disfrazadas de interrupciones, cambios inesperados o incluso temporadas incómodas. No se sienten como regalos… hasta que pasa el tiempo y comprendemos que allí, en medio del desorden, Dios estaba acomodando piezas para nuestro bien.
Hoy quiero invitarte a pensar en todas esas cosas que no viste venir pero que terminaron transformando tu vida. Quizás una persona nueva que te abrió una puerta, una conversación que llegó en el momento exacto, una oportunidad que nunca pediste, o incluso una demora que te salvó de algo peor. Dios trabaja también en lo que no anticipamos.
Historia
Alguien me contó la historia de un joven que perdió un vuelo que llevaba meses esperando. Se sintió frustrado, molesto y derrotado. Había organizado todo: permisos, presupuesto, planes… y de repente todo cambió por un simple retraso en el camino al aeropuerto. Se quedó sentado en la sala de espera mirando el reloj, preguntándose por qué Dios había permitido algo así.
Esa noche, mientras trataba de entender lo ocurrido, recibió un mensaje inesperado: un familiar muy cercano había sido ingresado al hospital por una emergencia. Él fue la única persona disponible para acompañarlo de inmediato. En medio del caos, comprendió algo que le rompió el corazón y le abrió los ojos: si hubiera tomado ese vuelo, no habría estado allí cuando su familia lo necesitaba.
Semanas después, mientras observaba a su familiar recuperarse, dijo algo que siempre recordaré: “Ese día pensé que Dios me había quitado algo… pero ahora veo que me estaba dando algo mucho más grande”. A veces, las bendiciones se sienten primero como interrupciones. Y el agradecimiento verdadero surge cuando reconocemos que Dios sabe lo que nosotros aún no vemos.
Versículos a meditar
“Den gracias al Señor, porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre.” (Salmo 107:1 NVI)
“En su corazón el hombre planea su camino, pero el Señor determina sus pasos.” (Proverbios 16:9 NVI)
REFLEXIÓN
Agradecer por lo obvio es hermoso, pero agradecer por lo inesperado requiere una fe más madura. Salmo 107 nos recuerda que Dios es bueno no solo cuando recibimos lo que pedimos, sino también cuando Él actúa de maneras que aún no comprendemos. Su amor perdura, incluso cuando nuestras expectativas no se cumplen.
A veces planeamos nuestros pasos con buena intención, con esfuerzo, con orden, con visión… pero hay momentos en los que Dios interviene y modifica la ruta. No porque esté en contra de nuestros planes, sino porque Él ve lo que nosotros no vemos. Cada giro inesperado en la vida del creyente está sostenido por el amor eterno de Dios.
A menudo no nos damos cuenta de todas las cosas de las que Dios nos libró, de los caminos que cerró para protegernos, de las personas que puso justo a tiempo, o de las circunstancias que redirigieron nuestro rumbo. Es fácil agradecer por lo que sí pasó; lo difícil es agradecer por lo que nunca sucedió porque Dios nos guardó de ello.
La gratitud por lo inesperado es una forma de reconocer que Dios es un Padre que cuida incluso cuando no entendemos, que guía incluso cuando no vemos, y que prepara bendiciones que vienen envueltas en retrasos, giros, pausas y sorpresas. Cada paso que Dios ordena tiene propósito, aunque hoy no lo comprendas. Y al agradecer, tu corazón se alinea con Su voluntad.
Aplicación diaria
- Haz una lista rápida de tres cosas buenas que llegaron a tu vida sin que las esperaras.
- Piensa en un retraso o cambio reciente y entrégaselo a Dios diciendo: “Muéstrame lo que tú ves”.
- Llora, ora o guarda silencio si lo necesitas; la gratitud también nace del desahogo.
- Realiza un acto de agradecimiento: envía un mensaje, ayuda a alguien o expresa gratitud verbalmente.
- Agradece intencionalmente por algo que aún no entiendes, confiando en que Dios trabaja en lo invisible.
Ps. Eudomar Rivera