5 de enero – Aprender a depender de Dios
Le pido a Dios que hoy te recuerde que no tienes que cargar solo con lo que pesa tu corazón.
Hay momentos en la vida en los que sentimos que ya no podemos más.
Lo intentamos todo, pensamos cada opción, buscamos fuerzas donde ya no quedan,
y aun así las circunstancias no cambian.
Es entonces cuando aparece una sensación incómoda: la de no tener control.
Muchos interpretan esos momentos como castigos, como si Dios estuviera ausente
o decepcionado.
Pero la Palabra nos muestra otra verdad:
hay procesos que no vienen para destruirnos, sino para formarnos.
Dependemos tanto de nuestras capacidades, de nuestra experiencia y de nuestros planes,
que a veces Dios permite que lleguemos a un punto donde lo único que queda es mirarlo a Él.
No para humillarnos, sino para enseñarnos a confiar.
Historia
Alguien me contó la historia de un hombre que siempre resolvía todo solo.
Nunca pedía ayuda.
Se enorgullecía de su fortaleza y de su capacidad para salir adelante.
Un día, una situación inesperada lo dejó sin respuestas:
perdió estabilidad, perdió dirección y, por primera vez, perdió seguridad en sí mismo.
En medio de esa crisis, comenzó a orar de una forma diferente.
Ya no pedía soluciones rápidas, sino guía.
Con el tiempo entendió que aquel momento difícil no era un castigo,
sino una escuela silenciosa donde Dios estaba moldeando su carácter
y enseñándole a depender más del Señor que de sí mismo.
Versículos a meditar
“Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia.”
(Proverbios 3:5, NVI)
“Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad.”
(2 Corintios 12:9, NVI)
REFLEXIÓN
Dios nunca nos llamó a vivir dependiendo únicamente de nuestras fuerzas.
Desde el principio, Su diseño fue una relación de confianza,
donde Él guía y sostiene, y nosotros aprendemos a caminar tomados de Su mano.
Cuando confiamos solo en nosotros, fácilmente nos agotamos y nos frustramos.
La debilidad no es enemiga de la fe; muchas veces es su punto de partida.
Es en esos espacios donde reconocemos que necesitamos a Cristo
no solo como Salvador, sino como Señor de cada área de nuestra vida.
Allí Su gracia se vuelve real y cercana.
Jesús mismo nos mostró una vida de dependencia del Padre.
No actuaba por impulso ni por autosuficiencia,
sino en obediencia y comunión constante.
Seguir a Cristo implica aprender ese mismo camino.
Si hoy estás atravesando un momento difícil,
no lo interpretes automáticamente como castigo.
Tal vez Dios está fortaleciendo tu carácter,
ajustando tu corazón y llevándote a una confianza más profunda en Él.
Aplicación diaria
- Reconoce delante de Dios aquellas áreas donde has confiado solo en tus fuerzas.
- Ora hoy pidiendo dirección, no solo soluciones inmediatas.
- Entrega conscientemente a Dios la situación que más te preocupa.
- Recuerda durante el día que Su gracia es suficiente, aun en tu debilidad.
Ps. Eudomar Rivera