14 de diciembre – El pesebre: cuando Dios decidió venir cerca
Le pido a Dios que hoy te recuerde que Él no vino lejos, vino cerca; no vino a impresionar, vino a habitar contigo.
El Adviento nos invita a detenernos, a bajar el ritmo y a mirar con más atención. No es solo contar los días antes de Navidad; es permitir que nuestro corazón vuelva a sorprenderse con la manera en que Dios decidió venir al mundo. En medio del ruido, de las prisas y de las expectativas, Dios eligió la sencillez.
Muchas veces esperamos que Dios se manifieste de formas grandes, visibles, casi espectaculares. Sin embargo, el mensaje del Adviento nos confronta con una verdad distinta: Dios se acerca en lo pequeño, en lo humilde, en lo cotidiano. Su venida no rompe el mundo; lo abraza.
Tal vez tú también estás esperando algo: una respuesta, un cambio, una intervención clara de Dios. Y mientras esperas, el Adviento te recuerda que Dios ya vino, y que sigue viniendo, no siempre como esperas, pero siempre como necesitas.
Historia
Alguien me contó de un pesebre que estaba guardado en una caja vieja, en el fondo de un clóset. Cada diciembre lo sacaban con cuidado, aunque algunas figuras ya estaban gastadas y una esquina del establo estaba rota. No era un pesebre elegante ni nuevo, pero cada año ocupaba el centro de la sala.
Un niño de la casa preguntó por qué no compraban uno nuevo, más bonito. La abuela sonrió y respondió: “Porque este nos recuerda cómo vino Jesús: sencillo, frágil y real. Dios no tuvo miedo de entrar en un lugar así”. El niño se quedó mirando al bebé en el pesebre y dijo en voz baja: “Entonces Jesús no tiene miedo de venir a mi vida tampoco”.
Ese pesebre imperfecto seguía predicando, año tras año, una verdad profunda: Dios no espera que todo esté en orden para venir. Él viene tal como estamos.
Versículos a meditar
“Hoy les ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor.” (Lucas 2:11, NVI)
“El Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros.” (Juan 1:14, NVI)
REFLEXIÓN
El pesebre nos revela el corazón de Dios. No eligió un palacio, eligió un lugar común. No buscó comodidad, buscó cercanía. En Jesús, Dios decidió habitar entre nosotros, entrar en nuestra historia y compartir nuestra fragilidad. El Adviento nos recuerda que la venida de Cristo es una declaración de amor encarnado.
Cuando miramos el pesebre entendemos que Dios no se mantiene distante del dolor humano. Él se hace vulnerable, dependiente, accesible. Esto transforma nuestra manera de esperar, porque ya no esperamos a un Dios lejano, sino a uno que camina con nosotros en medio de nuestras realidades.
La venida de Jesús también redefine el valor de lo pequeño. Lo que el mundo ignora, Dios lo escoge. Lo que parece insignificante, Dios lo usa para traer salvación. El Adviento nos invita a reconocer que Dios puede nacer de nuevo en los espacios más sencillos de nuestra vida.
Esperar en Adviento no es pasividad; es abrir espacio en el corazón. Es preparar un pesebre interior donde Cristo pueda habitar hoy. Porque el mismo Dios que vino en Belén sigue viniendo a nuestra vida con gracia, paz y esperanza.
Aplicación diaria
- Detén tu rutina por unos minutos y reflexiona en cómo Dios se ha acercado a ti en medio de lo sencillo.
- Permite que Jesús entre en aquellas áreas de tu vida que no están perfectas.
- Practica la humildad hoy, recordando que Dios se revela en lo pequeño.
- Haz un acto concreto de cercanía con alguien que necesite sentirse acompañado.
Ps. Eudomar Rivera