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Cuando el alma se siente cansada

23 de noviembre – Cuando el alma se siente cansada 🌅🙏

Le pido a Dios que hoy te renueve por dentro, aun en esas áreas que nadie más conoce.

Hay días en los que uno se levanta con el cuerpo presente, pero con el corazón lejos.
Días en los que haces lo que tienes que hacer, saludas, trabajas, ayudas, cumples…
pero por dentro sientes un cansancio que no es físico, sino profundo.

Ese cansancio aparece cuando llevas mucho tiempo siendo fuerte,
cuando guardas silencios que te duelen,
cuando sonríes para que nadie se preocupe,
o cuando cargas responsabilidades que no se pueden explicar con palabras.

A veces ese agotamiento no viene de una tragedia, sino de muchas pequeñas luchas acumuladas.
Y aunque amas a Dios y confías en Él, hay momentos donde te preguntas:
«¿Hasta cuándo podré seguir así?»
No porque dudes de Él, sino porque te duele ser humano.

Historia

Leí hace años la historia de una mujer que caminaba cada mañana hacia un pozo para buscar agua.
Llevaba dos vasijas de barro: una perfecta, sin una sola grieta,
y la otra marcada, agrietada, incapaz de retener todo lo que recibía.
Cada día regresaba a casa con una vasija llena…
y la otra solo a medias.

Un día, la vasija quebrada le dijo a la mujer:
«Perdóname por hacerte perder tiempo. No sirvo como la otra.
Lo intento, pero no puedo retener lo que me das.»
La mujer sonrió, la tomó entre sus manos y respondió:
«¿No te has fijado en el camino por donde pasamos?
Las flores que ves a la derecha solo crecieron gracias al agua que tú dejabas caer.
Lo que pensabas que era pérdida… era propósito.»

La vasija nunca volvió a sentirse inútil.
Sus grietas no desaparecieron, pero ahora sabía que en sus quiebres
había belleza, fruto y un propósito que antes no podía ver.

Versículos a meditar

“Él da fuerzas al cansado y acrecienta el vigor de los débiles.” — Isaías 40:29 (NVI)

“Mi gracia es suficiente para ti, porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” — 2 Corintios 12:9 (NVI)

REFLEXIÓN

Dios no se escandaliza por tu cansancio, no te juzga por sentirte agotado,
ni se decepciona cuando llegas a Él sin fuerzas.
Al contrario, la Biblia dice que Él se acerca precisamente a los que están quebrados,
a los que no pueden más, a los que sienten que ya hicieron todo lo posible
pero siguen sin ver el resultado que esperaban.

El cansancio interior no es una señal de derrota, sino una invitación divina.
Una oportunidad para dejar de sostenerlo todo tú mismo
y permitir que Dios sea quien te levante, te sostenga y te refresque.
Porque Él no solo te da fuerzas… Él mismo se convierte en tu fuerza.

Cuando Pablo escuchó a Dios decir “Mi gracia es suficiente”,
él no recibió una solución inmediata a su problema,
pero sí recibió algo más profundo:
la revelación de que la fuerza de Dios se manifiesta justo donde tú ya no puedes.
Donde termina tu capacidad… comienza su poder.

Tus grietas no son vergüenza; son espacios donde la gracia fluye.
Son lugares donde Él enseña, transforma y muestra que su amor no depende de tu rendimiento,
sino de su fidelidad eterna.
Hoy, aun con debilidades, Dios puede hacer brotar flores en el camino de tu vida.

Aplicación diaria

  1. Detén la velocidad por un momento. Respira profundo tres veces y reconoce: “Señor, aquí estoy. Tú conoces mi carga”.
  2. Entrega lo que te agota. Dile a Dios específicamente qué parte de tu vida necesita su fuerza.
  3. Recuerda una victoria pasada. Algo que Dios hizo por ti antes. Eso será combustible para la esperanza de hoy.
  4. Haz una pausa de gratitud. Agradece al menos por una cosa pequeña que hayas pasado por alto.
  5. Comparte este mensaje con alguien que podría estar cansado en silencio. Puedes ser la luz que le recuerde que Dios no lo ha abandonado.

Ps. Eudomar Rivera

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