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Cuando el corazón pide señales (Adviento)

🔔 Viernes 5 de diciembre – Cuando el corazón pide señales (Adviento)

Le pido a Dios que hoy calme tus dudas y te recuerde que Él sigue obrando, incluso cuando no entiendes cómo lo hará.

Todos atravesamos momentos en los que la fe parece quedarnos pequeña. Situaciones que no encajan en nuestra lógica, oraciones que parecen tardar demasiado, silencios que duelen más de lo esperado. En esos momentos, aunque ames a Dios, tu corazón comienza a pedir señales. No porque no creas, sino porque estás cansado; no porque dudes de Su poder, sino porque dudas de ti mismo.

Hay días en los que la fe se siente firme, pero hay otros en los que simplemente quieres que Dios te confirme algo —una palabra, un gesto, una respuesta, algo que tranquilice tus inquietudes internas. Y aunque a veces pensamos que pedir señales es debilidad, la Biblia nos recuerda que hasta los hombres más piadosos pasaron por ese mismo conflicto.

En el Adviento recordamos a Zacarías, un sacerdote justo y fiel, pero que cuando recibió una promesa imposible, su corazón no pudo evitar preguntar: “¿Cómo sabré que esto es cierto?”. Esa pregunta refleja la lucha de muchos creyentes hoy. Zacarías no pidió una señal por rebeldía, sino por agotamiento. Y Jesús conoce muy bien ese tipo de cansancio.

Historia

Alguien me contó la historia de un hombre que manejaba cada madrugada hacia su trabajo. Salía cuando todavía era de noche, y su ruta incluía un camino solitario, iluminado solo por algunos postes lejanos. Una noche había una neblina tan espesa que casi no podía ver la carretera. Todo lo que distinguía era el resplandor muy tenue de una luz amarilla al final del camino.

Esa pequeña luz se convirtió en su referencia. Mientras avanzaba despacio, sin poder ver más allá de unos metros, guiaba su dirección solo por aquella luz distante. No podía ver el camino completo, no podía anticipar las curvas, no podía saber si había algo más adelante. Solo podía confiar en esa señal que lo mantenía orientado. Cuando finalmente llegó a su destino, se dio cuenta de que aquella luz era simplemente el letrero de una gasolinera. Pero para él, esa luz significó más que eso: fue un recordatorio de que incluso una señal pequeña puede salvarte de perderte.

Ese hombre dijo algo que nunca olvidó: “No necesitaba ver todo, solo necesitaba una luz que me dijera que aún iba en la dirección correcta”. A veces, así trabaja Dios con nosotros: no te muestra todo el camino, pero te da lo suficiente para seguir avanzando sin rendirte.

Versículos a meditar

“¿Cómo podré estar seguro de esto? —preguntó Zacarías al ángel—. Ya soy anciano y mi esposa también es de edad avanzada.” (Lucas 1:18, NVI)

“El ángel le respondió: ‘Yo soy Gabriel. Estoy a las órdenes de Dios, y he sido enviado para hablar contigo y darte estas buenas noticias.’” (Lucas 1:19, NVI)

REFLEXIÓN

Zacarías no dudó porque era incrédulo; dudó porque estaba herido por años de espera. Su pregunta nace desde un corazón que había orado demasiado tiempo sin ver cambios. Y aun así, la respuesta de Dios no fue rechazo, sino misericordia. El ángel no dijo: “Tu duda arruinó todo”; dijo: “Yo he sido enviado para darte buenas noticias”. Esta frase es un abrazo divino a todos los que hoy luchan entre la fe y la duda.

Dios entiende cuando tu corazón pide señales. Él comprende cuando has llegado al límite. No te trata como alguien débil, sino como alguien que necesita ser fortalecido. En la historia de Zacarías, el silencio que vino después no fue castigo, sino un tiempo de preparación, un espacio donde Dios formó en él una fe más firme. A veces, el silencio de Dios no significa ausencia; significa que está trabajando en algo mayor.

Cuando tu corazón pide señales, no te avergüences. Lleva esa necesidad a la presencia del Señor. Él no se burla de tu fragilidad ni la usa en tu contra. En Adviento vemos a un Dios que se acerca justamente a los que dudan, a los cansados, a los confundidos. Jesús vino al mundo no solo para fortalecer a los fuertes, sino para abrazar a los débiles.

Y así como aquella luz tenue guio al hombre en medio de la neblina, Dios siempre coloca luces en tu camino: una palabra, una persona, un mensaje, un versículo, un gesto, una confirmación suave pero segura. Él no te dejará perdido. Aunque tu fe tiemble, su fidelidad no lo hará. Él sabe exactamente cómo sostenerte.

Aplicación diaria

  1. Exprésale a Dios tu duda sin miedo: “Señor, estoy cansado. Necesito que me confirmes el camino”.
  2. Pide al Espíritu Santo que te muestre una pequeña “luz” hoy: una palabra o señal que te recuerde que Dios sigue contigo.
  3. Escribe una promesa de Dios en una nota visible. Déjala donde la veas constantemente para fortalecer tu fe.
  4. Haz una pausa breve durante el día y repite: “Señor, guíame aunque no vea todo el camino”.
  5. Comparte este mensaje con alguien que está luchando entre la fe y la duda. Sé esa luz tenue que lo ayude a seguir adelante.

Con cariño pastoral,

Ps. Eudomar Rivera

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