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Cuando la ansiedad quiere tomar el trono

23 de febrero – Cuando la ansiedad quiere tomar el trono

Le pido a Dios que hoy te conceda serenidad interior y la certeza de que Él sigue sentado en el trono de tu vida.

El lunes tiene una voz particular. Después del impulso espiritual del domingo, la realidad se presenta con fuerza. Responsabilidades acumuladas, decisiones pendientes, conversaciones que debemos enfrentar. El corazón quiere mantener la paz recibida, pero la mente comienza a anticipar escenarios que aún no existen.

La ansiedad no suele llegar con ruido. Llega con pensamientos repetitivos. Te recuerda lo que podría salir mal, lo que no controlas, lo que no depende completamente de ti. No has dejado de creer en Dios, pero sientes que todo descansa sobre tus hombros.

Y allí es donde el mensaje del domingo se vuelve práctico. Las emociones no son enemigas, pero tampoco deben gobernar. La pregunta no es si hoy sientes presión. La pregunta es: ¿quién está reinando cuando la sientes?

Historia

Conocí a un hombre que cada lunes despertaba con un peso en el pecho. No era falta de fe. Era responsabilidad. Era amor por su familia. Era el deseo de hacer las cosas bien. Pero su mente corría antes de que sus pies tocaran el suelo. Pensaba en el trabajo, en los compromisos financieros, en las decisiones que debía tomar.

Una mañana me dijo: “Pastor, yo oro… pero sigo sintiendo que todo depende de mí”. Esa frase revelaba algo profundo. No era incredulidad; era necesidad de control. Pedía ayuda, pero seguía aferrado al timón como si el barco estuviera a la deriva sin sus manos.

Hasta que comprendió algo sencillo: la ansiedad revelaba su adoración. Sin darse cuenta, estaba confiando en su capacidad de prever y resolver. Cuando comenzó a rendir no solo sus palabras, sino también su necesidad de controlar los resultados, la paz no eliminó los problemas… pero sí cambió a quien gobernaba su interior.

Versículos a meditar

«No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.» (Filipenses 4:6–7, NVI)

«Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida.» (Proverbios 4:23, NVI)

REFLEXIÓN

La ansiedad muchas veces nace de un deseo legítimo: querer que todo salga bien. Pero cuando ese deseo se convierte en una obsesión por controlar los resultados, el corazón comienza a inquietarse. No es simplemente presión externa; es una lucha interna por el trono. Queremos seguridad inmediata, y cuando no la vemos, el alma se agita.

Pablo no propone negación emocional. Él propone dirección espiritual. “Presenten sus peticiones a Dios”. No significa ignorar la preocupación, sino entregarla con intención. Hay una diferencia profunda entre repetir una oración y realmente rendir el control. La rendición transforma la experiencia emocional.

La paz prometida no es ausencia de responsabilidades. Es la presencia activa de Cristo gobernando el corazón. Es saber que aunque el lunes esté lleno de decisiones, el trono no está vacío. El mismo Señor que sostuvo la cruz sostiene también tus circunstancias.

Hoy, la ansiedad puede intentar persuadirte de que todo depende de ti. Pero el evangelio declara lo contrario. Cristo no quiere apagar tu humanidad; quiere redimirla. Cuando Él reina, la emoción pierde su poder de dictar decisiones. La presión puede seguir allí, pero ya no define tu dirección.

Aplicación diaria

  1. Identifica el pensamiento específico que alimenta tu ansiedad hoy y escríbelo con claridad.
  2. Ora nombrando esa preocupación delante de Dios y entregándola deliberadamente.
  3. Evita tomar decisiones importantes mientras estés emocionalmente alterado; espera a que haya claridad y paz.
  4. Durante el día, repite esta pregunta: ¿Estoy reaccionando desde la ansiedad o respondiendo desde la fe?
  5. Antes de dormir, agradece tres evidencias concretas del cuidado de Dios hoy.

Ps. Eudomar Rivera

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