Mensaje del Día — Cuando no puedes controlar nada, Dios sigue en control
Le pido a Dios que hoy te cubra con Su paz, esa paz que permanece firme aun cuando todo a tu alrededor parece inestable y fuera de tus manos.
Hay temporadas en la vida en las que el temor no es una emoción pasajera, sino un compañero constante. Te despiertas con él, caminas con él y te acuestas con él. No porque quieras, sino porque las circunstancias te recuerdan una y otra vez que hay cosas que no puedes manejar.
La angustia suele aparecer cuando entendemos que, por más esfuerzo que hagamos, no tenemos control sobre decisiones ajenas, noticias inesperadas o escenarios que cambian sin previo aviso. Y ese reconocimiento, lejos de tranquilizarnos, a veces nos desarma por completo.
Este mensaje es para ti, que estás cansado de intentar sostener lo que se te escapa. Para ti, que oras, pero aun así sientes el peso del miedo. Hoy Dios quiere recordarte algo esencial: aunque tú no controles lo que ocurre, Él sigue gobernando cada detalle.
Historia
Leí el testimonio de una mujer cristiana que vivió durante la Segunda Guerra Mundial, cuando su país fue ocupado por el régimen nazi. Su hogar, que antes era un lugar de refugio y normalidad, quedó rodeado de patrullas, redadas y un ambiente de terror constante. Bastaba una denuncia anónima para que una familia entera desapareciera.
Aun así, ella y su familia tomaron una decisión que cambiaría sus vidas para siempre: comenzaron a esconder judíos perseguidos dentro de su propia casa. Construyeron un pequeño espacio secreto detrás de una pared falsa, tan angosto que apenas se podía respirar. Allí, hombres, mujeres y niños permanecían en silencio absoluto durante horas, a veces días enteros.
Cada vez que alguien tocaba la puerta, el corazón se les detenía. Dormían vestidos, con una maleta preparada por si debían huir. Aprendieron a reconocer el sonido de las botas en la calle, el golpe seco de una puerta vecina, el tono autoritario de una voz militar. Vivían con miedo, pero también con una fe profunda.
Un día, finalmente, fueron descubiertos. La casa fue allanada y toda la familia arrestada. Fueron enviados a campos de concentración. Allí, rodeada de hambre, enfermedad y muerte, esta mujer escribió más tarde que hubo momentos en los que sintió que había perdido todo control sobre su vida. Sin embargo, también afirmó algo que marcó su testimonio: “Nunca estuve fuera de las manos de Dios, ni siquiera allí”.
Sobrevivió a la guerra, no porque su historia fuera fácil, sino porque entendió que la soberanía de Dios no desaparece en medio del caos. Años después, su vida se convirtió en un mensaje vivo de esta verdad: cuando no puedes controlar nada, Dios sigue siendo fiel.
Versículos a meditar
“Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes.” (1 Pedro 5:7, NVI)
“Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas.” (Proverbios 3:5–6, NVI)
REFLEXIÓN
Esta historia nos confronta con una verdad que muchas veces evitamos: no siempre tendremos el control. Hay situaciones que superan nuestra capacidad, fuerzas que no podemos detener y decisiones que no dependen de nosotros. Pretender lo contrario solo aumenta la angustia.
Dios no nos llama a controlar la vida, sino a confiarle la vida. Su soberanía no se suspende en tiempos de guerra, crisis o incertidumbre personal. Mientras tú ves fragmentos y sientes miedo, Dios ve el panorama completo y permanece firme.
Confiar en Dios no significa negar el dolor ni minimizar el temor. Significa decidir, aun con el corazón temblando, que Él sigue siendo digno de confianza. Es soltar el peso de querer manejarlo todo y descansar en Aquel que nunca pierde el dominio.
Tal vez hoy tu batalla no sea una guerra visible, pero es real. Y en medio de ella, Dios sigue siendo el mismo: presente, soberano y profundamente cuidadoso contigo.
Aplicación diaria
- Identifica qué situación te genera más temor y nómbrala delante de Dios sin máscaras.
- Entrega conscientemente a Dios lo que no puedes controlar, una y otra vez si es necesario.
- Cuando la ansiedad regrese, repite en voz baja: “Dios sigue en control”.
- Elige hoy un acto práctico de confianza: descansar, esperar, delegar o soltar.
- Recuerda que la fe no elimina la incertidumbre, pero te sostiene dentro de ella.
Ps. Eudomar Rivera