Jueves 8 de enero — Decisiones que honran a Dios cuando nadie está mirando
Le pido a Dios que hoy fortalezca tu carácter y te conceda claridad para decidir lo correcto, aun cuando hacerlo tenga un costo.
A lo largo de la vida cristiana, uno descubre que no todas las decisiones difíciles llegan con advertencias visibles.
Muchas se presentan en silencio, sin ruido, sin testigos, sin presión abierta.
Son momentos en los que nadie parece estar observando, donde el corazón se queda a solas con sus verdaderas motivaciones.
En esos espacios privados se define más de nuestra fe de lo que solemos admitir.
No es el aplauso público ni la corrección externa lo que revela quiénes somos delante de Dios,
sino lo que hacemos cuando tenemos la libertad de elegir sin consecuencias inmediatas.
A veces pensamos que honrar a Dios solo implica grandes decisiones visibles,
pero la mayoría de las veces se trata de elecciones pequeñas, constantes y discretas.
Decisiones que no impresionan a otros, pero que sí forman el carácter espiritual que sostiene toda una vida.
Historia
Conocí a un hombre que trabajaba en una empresa donde nadie supervisaba directamente su horario.
Tenía acceso total a la oficina, a los recursos y al tiempo.
Podía llegar tarde, irse temprano o ajustar informes sin que nadie lo notara.
Un día me confesó que al principio fue tentador aprovechar esa libertad.
Nadie lo iba a confrontar.
Nadie iba a revisar.
Nadie parecía interesado.
Sin embargo, cada mañana, antes de encender la computadora, hacía una oración sencilla:
“Señor, ayúdame a trabajar hoy como si Tú estuvieras sentado frente a mí”.
Esa oración se convirtió en una barrera interior.
Con el tiempo, su testimonio no fue descubierto por un error,
sino reconocido por una integridad que otros comenzaron a notar.
Cuando llegaron tiempos difíciles y recortes inesperados,
fue uno de los pocos en quien los líderes confiaron sin dudar.
Su fidelidad privada había preparado su respaldo público.
Versículos a meditar
“Daniel decidió no contaminarse con la comida y el vino del rey, y pidió al jefe de oficiales que no lo obligara a contaminarse.” (Daniel 1:8, NVI)
“Pero Daniel, al enterarse de que el decreto había sido publicado, fue a su casa, subió al piso superior y, con las ventanas abiertas en dirección a Jerusalén, se arrodilló y oró a su Dios, como solía hacerlo tres veces al día.” (Daniel 6:10, NVI)
REFLEXIÓN
Daniel no comenzó siendo fiel cuando todos lo miraban.
Su obediencia no nació bajo amenaza, sino en decisiones previas,
tomadas cuando la presión aún no había llegado.
La firmeza que mostró en el foso de los leones fue el resultado de convicciones formadas mucho antes.
La Escritura muestra que Daniel “decidió” no contaminarse.
No fue una reacción emocional ni una imposición externa.
Fue una determinación interna, silenciosa, profundamente espiritual.
Ahí es donde se forman las convicciones que sostienen al creyente en los momentos críticos.
Cuando llegó la persecución abierta, Daniel no improvisó su fe.
Simplemente continuó haciendo lo que ya había decidido en su corazón.
La fidelidad pública fue consecuencia directa de una obediencia privada constante.
Dios sigue obrando de la misma manera hoy.
Él fortalece a quienes lo honran cuando nadie más aplaude.
Él respalda a quienes deciden vivir por principios y no por conveniencia,
formando un carácter que puede resistir cualquier presión futura.
Aplicación diaria
- Examina tus decisiones privadas y pregúntate si reflejan la fe que confiesas públicamente.
- Establece hoy una convicción clara en un área donde sueles negociar tus principios.
- Ora cada mañana pidiendo a Dios fuerza para obedecer aun cuando nadie esté observando.
- Recuerda que la fidelidad constante prepara el terreno para los momentos de mayor presión.
Ps. Eudomar Rivera