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Decisiones que honran a Dios: escoger a quién servir

 

Mensaje del Día – Sábado 10 de enero de 2026

Le pido a Dios que hoy te sostenga con Su paz, y que te dé valentía para escoger lo correcto cuando lo fácil quiera gritar más fuerte.

Decisiones que honran a Dios: escoger a quién servir

Hay decisiones que no se sienten como “grandes decisiones”, pero terminan revelando quién gobierna nuestra vida.
A veces no es una elección dramática, sino una pequeña concesión.
Una frase que callas por miedo.
Un límite que no pones para evitar conflicto.
Un hábito que toleras porque “no es tan grave”.

La verdad es que el corazón siempre está sirviendo a algo.
Cuando no servimos al Señor con intención, terminamos sirviendo a la aprobación, al apuro, al deseo de quedar bien, o al temor de perder.
Y lo más peligroso es que esa forma de vivir se vuelve normal.
Nos acostumbra a decidir por impulso, por presión o por conveniencia.

Pero esta semana hemos estado aprendiendo algo que puede reordenarlo todo:
las decisiones que honran a Dios nacen de principios, no de preferencias.
Nacen de una lealtad definida, no de un ánimo cambiante.
Y cuando esa lealtad se establece, la vida comienza a caminar con una claridad distinta, aun cuando el camino sea difícil.

Historia

Leí la historia de un hombre que abrió un pequeño negocio con lo que tenía: una mesa vieja, una libreta con cuentas a mano y una fe sencilla.
No era famoso ni tenía contactos; solo quería trabajar con honestidad.
Los primeros meses fueron duros, y cuando el dinero empezó a faltar, apareció una “oportunidad” que parecía una salida.
Un conocido le ofreció un trato: ganar rápido si aceptaba “ajustar” ciertos números y presentar el negocio mejor de lo que estaba.

Nadie lo estaba apuntando con un arma, pero la presión era real.
“Así se hace aquí”, le dijeron.
“Todos lo hacen”.
“Si no lo haces, te vas a quedar atrás”.
Esa noche, sentado en silencio, miró a su familia dormida y sintió el peso de la responsabilidad.
Y entonces se dio cuenta de algo: el problema no era solo el dinero; era a quién estaba dispuesto a servir con sus decisiones.

Al día siguiente respondió con calma: no.
El “no” le costó amistades, le costó críticas y le costó semanas de ansiedad.
Hubo días en los que pensó: “¿Valió la pena?”.
Pero con el tiempo, Dios le abrió puertas limpias.
Y algo aún más profundo ocurrió: su corazón dejó de depender de la urgencia del momento y empezó a depender de Dios.
Él no solo defendió un principio; defendió su altar.

Versículos a meditar

“Pero si a ustedes les parece mal servir al Señor, elijan ustedes mismos a quiénes van a servir: a los dioses que sirvieron sus antepasados al otro lado del río Éufrates o a los dioses de los amorreos, en cuya tierra ustedes ahora habitan. Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Señor».” (Josué 24:15, NVI)

“No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cómo es la voluntad de Dios: buena, agradable y perfecta.” (Romanos 12:2, NVI)

REFLEXIÓN

Josué no habló de una decisión superficial, sino de una decisión de adoración.
“Elijan a quién servir”, dijo.
Porque cada decisión práctica es, en el fondo, un acto de servicio.
Cuando decides desde el temor, le estás sirviendo al temor.
Cuando decides para impresionar, le sirves a la aprobación.
Pero cuando decides con reverencia, le sirves al Señor.

Por eso Josué fue tan claro: “Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Señor”.
Esa frase no es un eslogan; es un ancla.
Es la clase de determinación que sostiene el alma cuando el entorno cambia.
Es la clase de decisión que no se negocia en el momento de la presión, porque ya fue resuelta en el lugar secreto, delante de Dios.
Esa convicción es la que te da firmeza sin volverte duro, y te da paz sin volverte indiferente.

Romanos nos lleva aún más profundo: no se trata solo de escoger bien; se trata de no amoldarnos.
El mundo siempre intenta “darnos forma”.
Presiona, empuja, normaliza, repite.
Pero Dios transforma.
Y esa transformación comienza en la mente, cuando permitimos que Su verdad reordene nuestros pensamientos, y entonces también reordene nuestras decisiones.
Cuando la mente se renueva, el corazón se alinea, y el paso se vuelve más claro.

Hoy, la pregunta no es solo “¿qué voy a hacer?”, sino “¿a quién voy a servir con lo que haga?”.
Porque cuando decides para honrar a Dios, tu vida deja de ser una reacción a las circunstancias y se convierte en una respuesta de fe.
Y aunque no siempre tengas control del resultado, sí tendrás la certeza de que caminas dentro de la voluntad de Dios.
Y esa voluntad, dice la Escritura, es buena, agradable y perfecta.

Aplicación diaria

  1. Identifica hoy qué presión está moldeando tus decisiones (miedo, urgencia, aprobación, comodidad) y llévala a Dios en oración.
  2. Declara con tus propias palabras: “Señor, yo elijo servirte a Ti”, y repítelo cuando sientas confusión.
  3. Renueva tu mente: antes de decidir, lee de nuevo Romanos 12:2 y pide a Dios que alinee tus pensamientos con Su verdad.
  4. Haz lo correcto aunque sea incómodo, y confía en que Dios honra la integridad cuando nadie la aplaude.
  5. Evalúa al final del día: “¿Esta decisión reflejó a Cristo?” y ajusta tu rumbo con humildad, sin condenarte.

Ps. Eudomar Rivera

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