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1 de enero de 2026 – Depender de Dios en medio de la prueba
Le pido a Dios que en este primer día del año Él fortalezca tu corazón, renueve tu esperanza y te recuerde que no caminas solo.
Comenzar un nuevo año siempre despierta emociones encontradas. Por un lado, hay ilusión, deseos de avanzar, planes que nacen con fuerza. Por otro lado, muchos llegan a este día cargando cansancio, heridas recientes, luchas que no se resolvieron el año anterior y preguntas que siguen sin respuesta.
Tal vez entras a este 1 de enero con una sonrisa por fuera, pero con un peso por dentro. Has orado, has hecho lo correcto, has confiado, y aun así el camino se ha vuelto cuesta arriba. En esos momentos, es fácil pensar que algo anda mal o que Dios te está corrigiendo con dureza.
Pero hoy es importante escuchar una verdad que transforma la manera en que interpretamos la dificultad: Dios no siempre permite procesos difíciles como castigo, sino como un llamado a depender más profundamente de Él y menos de nuestras propias fuerzas.
Historia
Alguien me contó la historia de un hombre que había sido muy autosuficiente toda su vida. Siempre resolvía todo solo, confiaba en su experiencia, en su carácter fuerte y en su capacidad para salir adelante. Pero un año, casi sin aviso, perdió estabilidad económica, relaciones importantes se quebraron y su salud comenzó a fallar.
Al principio, su reacción fue de enojo y frustración. Sentía que todo aquello era injusto, que no lo merecía. Oraba, pero más para reclamar que para escuchar. Sin embargo, con el paso del tiempo, algo comenzó a cambiar. Por primera vez, tuvo que reconocer que no podía sostenerse solo. Empezó a clamar con humildad, no pidiendo soluciones rápidas, sino la presencia de Dios en medio del proceso.
Meses después, cuando miró atrás, no todo estaba resuelto, pero él ya no era el mismo. Su fe era más profunda, su carácter más sensible, y su dependencia de Dios más real que nunca. Entendió que aquel tiempo difícil no lo había destruido, lo había formado.
Versículos a meditar
“Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia.” (Proverbios 3:5, NVI)
“Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad.” (2 Corintios 12:9, NVI)
REFLEXIÓN
Dios sabe que, por naturaleza, tendemos a apoyarnos en nosotros mismos. Confiamos en nuestra lógica, en nuestra experiencia, en nuestro control. Muchas veces, solo cuando todo eso falla, comenzamos a mirar hacia arriba con verdadera humildad. No porque seamos malos, sino porque somos humanos.
Las pruebas no siempre llegan para castigarnos, sino para revelarnos. Revelan qué tan profunda es nuestra fe, en qué estamos apoyando nuestra seguridad y dónde hemos colocado nuestra confianza. En esos momentos, Dios no se aleja; al contrario, se acerca con más intención que nunca.
Depender de Dios no es debilidad espiritual. Es madurez. Es reconocer que Él ve lo que nosotros no vemos, que su tiempo es más sabio que el nuestro y que su propósito es más grande que nuestro alivio inmediato. Cuando dejamos de luchar solos, comenzamos a caminar acompañados.
Este nuevo año puede comenzar con desafíos, pero también puede marcar el inicio de un carácter fortalecido, de una fe más firme y de una relación más profunda con Dios. No estás siendo castigado; estás siendo formado.
Aplicación diaria
- Reconoce delante de Dios aquellas áreas donde has querido depender solo de ti mismo.
- Ora hoy no solo pidiendo que el problema termine, sino que Dios te sostenga en medio del proceso.
- Recuerda que la dificultad actual no define tu valor ni tu destino.
- Decide confiar en la gracia de Dios incluso cuando no entiendes el camino.
- Permite que este proceso forme tu carácter y fortalezca tu fe.
Ps. Eudomar Rivera
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