📅 Mensaje del Día – 6 de febrero
Descansar en la soberanía de Dios y vivir confiado
Le pido a Dios que hoy tu corazón descanse en Su gobierno perfecto, aun cuando no entiendas todo lo que estás viviendo.
Hay días en los que la vida se siente fuera de control. Hacemos planes, organizamos agendas, tomamos decisiones con cuidado,
y aun así algo se sale de nuestras manos. No falla el momento en que surge la pregunta silenciosa:
“¿Por qué esto está pasando si yo estaba haciendo lo correcto?”.
Vivimos en una cultura que nos empuja a tener respuestas rápidas, soluciones inmediatas y control absoluto.
Pero cuando ese control se quiebra, aparece la ansiedad, el cansancio emocional y una lucha interna
entre confiar o resistir. Ahí es donde el corazón comienza a pelear con la realidad.
Aceptar la soberanía de Dios no es resignarse pasivamente, sino aprender a vivir desde una confianza más profunda.
Es reconocer que hay un Dios que ve más allá de lo que tú y yo podemos ver,
y que Su mano sigue obrando incluso cuando el camino parece confuso.
Historia
Alguien me contó la historia de un hombre que había trabajado durante años para abrir su propio negocio.
Tenía todo planeado: el lugar, el presupuesto, incluso el día de la inauguración.
Sin embargo, pocas semanas antes, una situación inesperada lo obligó a cerrarlo todo.
Lo perdió prácticamente todo.
Durante meses caminó con frustración y preguntas sin respuesta.
Decía: “No entiendo por qué Dios permitió esto”.
Pero con el tiempo, surgió una nueva oportunidad laboral en un área que nunca había considerado,
con estabilidad, paz y un propósito que hoy reconoce como mejor que su plan original.
Años después confesó algo revelador:
“Si mi primer plan hubiese funcionado, jamás habría llegado al lugar donde hoy estoy.
Dios no arruinó mis planes; los redirigió”.
En ese momento entendió que la soberanía de Dios no le quitó nada,
sino que lo llevó a un destino más seguro.
Versículos a meditar
“En su corazón el hombre traza su rumbo, pero sus pasos los dirige el Señor.” (Proverbios 16:9, NVI)
“Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman,
los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.” (Romanos 8:28, NVI)
REFLEXIÓN
La soberanía de Dios nos confronta con una verdad incómoda pero liberadora:
no somos el centro del universo, pero estamos profundamente cuidados por Aquel que sí lo gobierna todo.
Dios no improvisa ni reacciona tarde; Él obra con propósito, aun cuando nosotros solo vemos fragmentos.
Muchas veces confundimos fe con control. Creemos que confiar en Dios significa que todo debe salir
exactamente como lo planeamos. Sin embargo, la fe madura aprende a decir:
“Señor, no entiendo el proceso, pero confío en tu carácter”.
Ahí comienza una paz que no depende de las circunstancias.
Aceptar la soberanía de Dios no elimina el dolor ni las preguntas,
pero sí cambia el lugar desde donde las enfrentamos.
Ya no luchamos solos, ni cargamos con el peso de tener todas las respuestas.
Descansamos en Aquel que sí conoce el final desde el principio.
Cuando aprendes a vivir bajo Su soberanía, el corazón se vuelve más humilde y más libre.
Humilde, porque reconoce sus límites.
Libre, porque deja de vivir esclavo del miedo al “qué pasará”.
Dios sigue siendo Dios, incluso cuando el camino se ve incierto.
Aplicación diaria
- Reconoce delante de Dios aquello que hoy no puedes controlar y entrégaselo con honestidad.
- Ora menos para cambiar las circunstancias y más para alinear tu corazón a la voluntad de Dios.
- Recuerda momentos pasados donde Dios usó algo difícil para traer bien a tu vida.
- Decide confiar hoy, aunque todavía no veas el resultado final.
- Descansa en la verdad de que Dios nunca pierde el control, ni siquiera por un instante.
Ps. Eudomar Rivera