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Dios con nosotros

25 de diciembre – Dios con nosotros

Le pido a Dios que en este día de Navidad Su paz llene tu corazón y te recuerde que Él cumplió Su promesa enviando a Su Hijo.

Hoy no es un día cualquiera. Hoy recordamos un acontecimiento que cambió la historia humana para siempre.
En medio de celebraciones, reuniones familiares y recuerdos, es fácil perder de vista la profundidad de lo que realmente celebramos.
La Navidad no comienza en los regalos ni termina en una mesa llena; comienza en el corazón de Dios y se extiende hasta el corazón del ser humano.
Hoy, Dios nos invita a detenernos y mirar con atención lo que Él hizo por amor.
No fue un gesto simbólico, fue una intervención real.

Muchos llegan a este día con emociones encontradas.
Algunos celebran con gozo, otros con nostalgia, otros con silencios que pesan.
Tal vez sonríes por fuera, pero por dentro cargas preocupaciones, pérdidas o preguntas sin respuesta.
Y precisamente ahí, en esa mezcla de sentimientos, la Navidad cobra un significado más profundo.
Dios no esperó que todo estuviera en orden para acercarse a nosotros.

La Navidad nos recuerda que Dios no se quedó distante.
No envió solo un mensaje, ni solo instrucciones.
Él vino en persona.
Se hizo cercano, tangible, presente.
Y ese acto sigue teniendo poder hoy, aquí y ahora.

Historia

Alguien me contó la historia de un padre que tuvo que viajar por trabajo durante mucho tiempo, dejando a su familia atrás.
Cada noche llamaba, enviaba mensajes y prometía que pronto volvería.
Sus hijos escuchaban su voz, pero lo que más deseaban era su presencia.
Un día, sin avisar, el padre apareció en la puerta de la casa.
No trajo grandes regalos, pero trajo algo mejor: él mismo.
Su sola presencia transformó el ambiente del hogar.
El silencio se volvió risa, la distancia se volvió abrazo, la espera se volvió descanso.
Esa escena ayuda a entender lo que celebramos hoy.
Dios no se conformó con hablarnos desde lejos; decidió venir y estar con nosotros.

Versículos a meditar

“La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamarán Emanuel (que significa: ‘Dios con nosotros’).” (Mateo 1:23, NVI)

“Hoy les ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor.” (Lucas 2:11, NVI)

REFLEXIÓN

Emanuel no es solo un nombre bonito asociado a la Navidad; es una verdad que sostiene la fe cristiana.
Significa que Dios decidió caminar con nosotros, compartir nuestra historia y entrar en nuestra realidad.
Jesús no nació en un palacio, sino en medio de la sencillez, recordándonos que Dios se acerca especialmente a los corazones humildes y necesitados.
La Navidad nos confronta con un Dios que no huye del dolor humano, sino que lo asume para redimirlo.
Eso cambia la manera en que vemos nuestras propias luchas.

Cuando decimos “Dios con nosotros”, afirmamos que no estamos solos en nuestras cargas.
Él está presente en nuestras alegrías, pero también en nuestras lágrimas.
Jesús nació para salvar, para restaurar, para reconciliar.
Su venida no fue temporal ni simbólica; fue el inicio de una obra eterna.
Hoy, esa presencia sigue disponible para todo aquel que abre su corazón.

La Navidad también nos recuerda que la esperanza no depende de las circunstancias externas.
Aquella noche en Belén no parecía prometedora, pero era el escenario perfecto para la gracia de Dios.
Así también, Dios puede obrar en los momentos más sencillos y aún en los más oscuros de nuestra vida.
Jesús es la prueba viva de que Dios cumple lo que promete.
Y lo hace en el tiempo perfecto.

Celebrar la Navidad es más que recordar un evento pasado.
Es reconocer una realidad presente.
Cristo vive y sigue siendo Emanuel hoy.
Su presencia transforma, consuela y da sentido.
Esa es la buena noticia que sostiene nuestra fe y renueva nuestra esperanza.

Aplicación diaria

  1. Detente hoy y reconoce conscientemente la presencia de Dios contigo, aun en medio de tus emociones mezcladas.
  2. Agradece a Dios no solo por lo que tienes, sino por Su cercanía constante en tu vida.
  3. Permite que la verdad de Emanuel traiga descanso a tus preocupaciones actuales.
  4. Comparte esta esperanza con alguien que hoy se sienta solo o desanimado.

Ps. Eudomar Rivera

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