📅 Mensaje del Día – 9 de febrero
Dios en el centro: cuando todo vuelve a su lugar
Le pido a Dios que hoy Él ocupe el centro de tu vida y que, desde allí, ordene todo lo que ahora se siente desalineado.
Muchas veces no nos damos cuenta en qué momento Dios dejó de estar en el centro.
No fue una decisión consciente ni un acto de rebeldía.
Simplemente la vida se fue llenando de urgencias, responsabilidades, preocupaciones y metas,
hasta que Él quedó desplazado a los bordes de nuestra agenda.
Seguimos creyendo, seguimos orando, incluso seguimos sirviendo,
pero ya no giramos alrededor de Dios, sino que esperamos que Él gire alrededor de nosotros.
Queremos que bendiga nuestros planes, que respalde nuestras decisiones,
que calme nuestras ansiedades… sin haberle entregado realmente el control.
Cuando Dios no está en el centro, el corazón se fragmenta.
Todo parece desordenado: las emociones, las prioridades, las relaciones y hasta la fe.
Pero cuando Él vuelve a ocupar Su lugar,
algo profundo sucede por dentro: lo que estaba fuera de lugar comienza a alinearse.
Historia
Alguien me contó de una familia que compró un cuadro grande para su sala.
Al principio lo colocaron un poco hacia un lado porque había muebles, ventanas y decoraciones
que “estorbaban” para centrarlo.
El cuadro estaba bonito, pero algo no encajaba.
Un día decidieron mover todo lo demás para colocar el cuadro exactamente en el centro de la pared.
Tuvieron que cambiar muebles de lugar, quitar adornos y reorganizar el espacio.
Fue incómodo al principio, pero cuando terminaron,
la sala finalmente se veía armoniosa.
Al final alguien dijo:
“El problema no era el cuadro, era todo lo que estaba alrededor”.
Así pasa con Dios.
Cuando Él está en el centro, muchas cosas deben moverse,
pero el resultado siempre es un orden más sano y una paz más profunda.
Versículos a meditar
“Busquen primeramente el reino de Dios y su justicia,
y todas estas cosas les serán añadidas.” (Mateo 6:33, NVI)
“Porque de él, por él y para él son todas las cosas.
¡A él sea la gloria por siempre! Amén.” (Romanos 11:36, NVI)
REFLEXIÓN
Dios no fue diseñado para ser un complemento de nuestra vida,
sino el centro desde el cual todo cobra sentido.
Cuando intentamos vivir con Dios en segundo plano,
terminamos agotados, frustrados y confundidos,
porque estamos cargando un peso que nunca fue nuestro.
Poner a Dios en el centro no significa que desaparecerán los problemas,
sino que ahora cada problema será enfrentado desde una perspectiva distinta.
Ya no decides solo, ya no luchas solo,
ya no interpretas la vida únicamente desde tus fuerzas limitadas.
Muchas veces tememos poner a Dios en el centro
porque sabemos que eso implicará mover cosas:
hábitos, relaciones, prioridades, ritmos de vida.
Pero Dios nunca quita algo sin ordenar algo mejor.
Él no desarma por crueldad, sino por amor.
Cuando Dios ocupa el centro,
el corazón aprende a descansar.
Las decisiones se aclaran.
La fe se vuelve más sencilla y más profunda.
Todo vuelve a girar alrededor de Aquel que realmente sostiene la vida.
Aplicación diaria
- Revisa honestamente qué está ocupando hoy el centro de tu vida.
- Ora entregándole a Dios el control de tus planes y preocupaciones.
- Toma una decisión concreta que refleje que Dios es tu prioridad.
- Acepta que algunas cosas tendrán que moverse para que Él esté en el centro.
- Descansa en la promesa de que, cuando Dios está primero, nada esencial falta.
Ps. Eudomar Rivera