📅 Mensaje del Día – 17 de febrero de 2026
Dios es la luz que no se apaga en tu noche más oscura
Le pido a Dios que hoy, aun en medio de tu oscuridad, puedas percibir la luz firme y constante de Su presencia.
Hay temporadas en las que todo parece apagarse. Se apagan las fuerzas, se apaga el ánimo,
se apagan los planes que teníamos tan claros. Caminamos como si estuviéramos
avanzando en una habitación sin ventanas, intentando orientarnos
con lo poco que entendemos de lo que está ocurriendo.
La oscuridad no siempre es externa. A veces está dentro.
Es esa sensación de incertidumbre, de miedo al futuro,
de preguntas que no encuentran respuesta inmediata.
Y cuando la luz parece ausente, el corazón comienza a imaginar lo peor.
Pero la fe no consiste en negar la oscuridad.
Consiste en recordar que la oscuridad nunca tiene la última palabra.
La luz de Dios no depende de las circunstancias,
ni de tu estado emocional, ni de lo que hoy logras comprender.
Su luz permanece, incluso cuando tú no la ves claramente.
Historia
Leí acerca de un hombre que quedó atrapado en una tormenta durante una excursión nocturna.
La lluvia era intensa, el viento fuerte y la visibilidad casi nula.
Intentó orientarse por sus propios medios,
pero cada paso parecía llevarlo más lejos del camino correcto.
En medio del miedo, recordó que llevaba una pequeña linterna en su mochila.
No iluminaba toda la montaña,
no despejaba la tormenta,
pero sí alumbraba el siguiente paso.
No podía ver el destino completo,
pero podía ver lo suficiente para no caer.
Más tarde confesó:
“La luz no quitó la noche,
pero me permitió atravesarla”.
Así obra Dios.
No siempre elimina la tormenta,
pero sí te da luz suficiente para seguir avanzando.
Versículos a meditar
“Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas,
sino que tendrá la luz de la vida.” (Juan 8:12, NVI)
“El Señor es mi luz y mi salvación;
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida;
¿quién podrá amedrentarme?” (Salmo 27:1, NVI)
REFLEXIÓN
Cuando Jesús se declaró la luz del mundo,
no hablaba solamente de dirección intelectual,
sino de presencia transformadora.
Su luz no es una idea,
es una realidad viva que invade la oscuridad interior
y reordena el corazón.
La oscuridad suele amplificar el miedo.
Hace que los problemas parezcan más grandes
y que las soluciones parezcan imposibles.
Sin embargo, basta una pequeña luz
para cambiar completamente la percepción del entorno.
Cristo no necesita competir con la oscuridad;
simplemente la disipa.
Es importante entender que la luz de Dios
no siempre revela todo el camino de una vez.
Muchas veces ilumina solo el siguiente paso.
Y eso es suficiente.
La fe madura aprende a caminar con esa luz diaria,
confiando en que cada paso será sostenido.
Si hoy te sientes en una noche prolongada,
recuerda que la luz no depende de tu fuerza.
Depende de Aquel que venció la oscuridad en la cruz
y resucitó como esperanza eterna.
La noche puede ser larga,
pero jamás es más fuerte que la luz de Dios.
Aplicación diaria
- Reconoce con honestidad cuál es la “oscuridad” que estás enfrentando hoy.
- Ora pidiendo no que desaparezca todo de inmediato, sino luz para el siguiente paso.
- Evita tomar decisiones importantes desde el miedo o la desesperación.
- Busca momentos de silencio donde puedas recordar las promesas de Dios.
- Camina confiando en que la luz de Cristo es más constante que cualquier circunstancia.
Ps. Eudomar Rivera