16 de marzo de 2026 – Dios eterno
Le pido a Dios que hoy te permita recordar que, mientras todo cambia a tu alrededor, Él permanece eterno y fiel.
Vivimos en un mundo donde todo cambia constantemente. Las estaciones cambian, las personas cambian, las circunstancias cambian y, muchas veces, nuestros propios planes cambian también. Lo que hoy parece seguro mañana puede ser incierto, y lo que parecía estable puede transformarse de un momento a otro.
Esta realidad puede generar inquietud en el corazón humano. Nos gusta sentir que tenemos estabilidad, que las cosas permanecerán igual y que el futuro es predecible. Pero la vida nos recuerda continuamente que muchas cosas están fuera de nuestro control.
En medio de ese mundo cambiante, la Biblia nos presenta una verdad profundamente consoladora: Dios no cambia. Él es eterno. Antes de que existiera el tiempo, Él ya era Dios. Y cuando todo lo que conocemos haya pasado, Él seguirá siendo el mismo.
Historia
Leí hace algún tiempo sobre un antiguo faro construido sobre una roca frente a una costa peligrosa. Durante años, barcos de diferentes tamaños pasaban cerca de aquella zona. Algunos marineros eran experimentados; otros navegaban por primera vez en esas aguas.
Las tormentas llegaban con frecuencia. El viento golpeaba las olas con fuerza y el mar se volvía impredecible. En esas noches oscuras, los marineros buscaban desesperadamente una referencia que les indicara dónde estaban y hacia dónde debían dirigirse.
En medio de la oscuridad, el faro permanecía firme sobre la roca. Su luz no dependía del clima ni de las olas. Podía haber tormenta, lluvia o neblina, pero la luz seguía allí, guiando a quienes navegaban.
Muchos marineros decían que aquella luz era la diferencia entre perderse en el mar o encontrar el camino seguro hacia el puerto.
Dios es como ese faro eterno. Mientras las circunstancias de la vida cambian, Su presencia permanece firme, constante y segura.
Versículos a meditar
“Antes que nacieran los montes y que crearas la tierra y el mundo, desde los tiempos antiguos y hasta los tiempos postreros, tú eres Dios.” (Salmo 90:2, NVI)
“Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos.” (Hebreos 13:8, NVI)
REFLEXIÓN
La eternidad de Dios significa que Él no está limitado por el tiempo como nosotros. Para nosotros, la vida se mide en años, días y momentos. Recordamos el pasado, vivimos el presente e imaginamos el futuro. Pero Dios existe por encima de esas limitaciones. Él ve toda la historia completa.
Esto nos recuerda que nuestra perspectiva siempre es parcial. Muchas veces nos preocupamos por situaciones inmediatas sin poder ver cómo encajan dentro de un propósito mayor. Dios, en cambio, conoce el principio y el final de nuestra historia.
Cuando entendemos que Dios es eterno, también comprendemos que Su fidelidad no depende de las circunstancias. Su carácter no cambia con el tiempo. Su amor no se agota. Sus promesas no pierden valor. Lo que Él dijo hace siglos sigue siendo verdad hoy.
Por eso, cuando el mundo parece inestable y el futuro parece incierto, podemos encontrar descanso en esta verdad: el Dios que gobierna nuestra vida no cambia. Él sigue siendo el mismo Dios fiel que ha guiado a Su pueblo a lo largo de toda la historia.
Aplicación diaria
- Recuerda hoy que las circunstancias cambian, pero Dios permanece fiel.
- Dedica unos minutos a agradecer a Dios por Su constancia y Su fidelidad.
- Confía en que el Dios eterno también está presente en los detalles de tu vida hoy.
- Cuando sientas incertidumbre sobre el futuro, recuerda que Dios ya está allí.
- Busca fortalecer tu fe recordando las promesas eternas de Dios en Su Palabra.
Ps. Eudomar Rivera