Dios te ama
Le pido a Dios que hoy tu corazón pueda descansar en la certeza firme y profunda de Su amor.
Hay momentos en los que el alma no necesita explicaciones extensas, sino una verdad clara que la sostenga.
Cuando la vida aprieta, cuando el cansancio se acumula y las fuerzas parecen disminuir, el corazón
comienza a hacerse preguntas silenciosas que no siempre se expresan en voz alta.
Seguimos avanzando, cumpliendo con lo que se espera de nosotros, respondiendo a las demandas diarias,
pero por dentro algo se desgasta. En esos espacios internos surge la duda: si Dios realmente está cerca,
si aún mira con amor, si sigue interesado en nuestra historia.
Hoy no quiero llevarte a reflexiones complicadas ni a ideas difíciles de sostener.
Hoy quiero afirmarte una verdad sencilla, pero eterna:
Dios te ama.
No como concepto religioso, sino como una realidad viva que permanece incluso cuando tú no la sientes.
Historia
El mensaje que llegó en el momento exacto
Alguien me contó la historia de un hombre que atravesaba una etapa de profundo agotamiento interior.
No era una crisis visible desde afuera. Tenía trabajo, responsabilidades cumplidas y una rutina estable,
pero por dentro se sentía vacío, desconectado y emocionalmente cansado.
Oraba, pero sentía que sus palabras regresaban en silencio.
Leía la Biblia, pero los textos parecían no tocarlo.
Con el tiempo comenzó a pensar que tal vez Dios lo amaba en el pasado,
pero que ahora su vida había quedado fuera de foco.
Una tarde, mientras revisaba su teléfono sin ningún interés real, recibió un mensaje inesperado.
Era de una persona con la que no hablaba desde hacía años.
El mensaje decía solamente esto:
“No sé por qué pensé en ti hoy, pero quería decirte que eres importante
y que Dios no se ha olvidado de ti”.
Ese mensaje lo desarmó.
No porque resolviera sus problemas ni porque respondiera todas sus preguntas,
sino porque llegó justo donde más lo necesitaba.
Por primera vez en mucho tiempo, entendió que el amor de Dios no depende de lo que sentimos,
sino de lo que Él es.
Esa noche volvió a orar, no con grandes palabras, sino con honestidad.
Comprendió que Dios no había estado ausente.
Había estado presente incluso en los detalles,
usando una simple frase para recordarle una verdad eterna:
Él seguía siendo amado.
Versículos a meditar
“Yo te he amado con un amor eterno; por eso te sigo con fidelidad.” (Jeremías 31:3, NVI)
“Miren cuánto nos ama el Padre, que se nos llama hijos de Dios, y lo somos.” (1 Juan 3:1, NVI)
REFLEXIÓN
El amor de Dios no está ligado a tu rendimiento ni a la estabilidad de tus emociones.
No se debilita cuando dudas ni se fortalece cuando te sientes firme.
Es un amor constante, decidido y eterno,
sostenido por el carácter fiel de Dios y no por tus circunstancias.
Muchas veces interpretamos el silencio como abandono,
cuando en realidad Dios sigue obrando de maneras que no siempre percibimos.
Su amor no desaparece en los momentos difíciles;
al contrario, se mantiene como una base firme cuando todo lo demás se mueve.
Recordar que somos amados cambia la forma en que enfrentamos la vida.
Nos libera de la culpa excesiva, del miedo constante y de la necesidad de demostrar valor.
Nos permite descansar en la certeza de que pertenecemos,
incluso cuando todavía no entendemos el proceso que estamos viviendo.
Hoy Dios no te pide respuestas ni explicaciones.
Hoy te recuerda una verdad que sostiene el alma:
Su amor sigue intacto,
sigue cercano,
y sigue disponible para ti.
Aplicación diaria
- Detente hoy unos minutos y permite que la verdad “Dios me ama” se asiente en tu corazón.
- Cuando surja la duda, recuérdate que el amor de Dios no depende de lo que sientes.
- Habla con Dios con honestidad, sin máscaras ni frases elaboradas.
- Reconoce los pequeños detalles donde Dios sigue mostrándote Su cuidado.
- Comparte este mensaje con alguien que hoy también necesita sentirse amado.
Ps. Eudomar Rivera