27 de noviembre – El Amor que No Te Suelta ❤️
Le pido a Dios que hoy experimentes un amor tan real, tan tierno y tan fuerte, que ninguna duda pueda opacar lo que Él siente por ti.
Hay días en los que uno se siente lejos, no solo de Dios, sino de uno mismo. Días en los que te preguntas si estás decepcionando a alguien, si estás fallando demasiado, si tus oraciones siguen siendo escuchadas. Son momentos silenciosos, casi invisibles para los demás, pero profundamente pesados en el corazón.
A veces no es falta de fe; es cansancio. Cansancio de dar, de intentar, de resistir. Cansancio de sentir que avanzas un poco y retrocedes dos pasos. Cansancio de exigirle a tu alma algo que ya no tiene fuerzas para ofrecer. Y en esa mezcla de cansancio y confusión, surgen preguntas que duelen: “¿Será que Dios todavía me ama así?”
En medio de esas preguntas, muchas veces aparece también la culpa. Culpa por lo que hiciste, por lo que dejaste de hacer, por lo que salió mal, por lo que no pudiste sostener. Pero lo que más duele no es la culpa… sino creer que Dios podría mirarte con distancia en lugar de con misericordia. Por eso, este mensaje es para recordarte la verdad que puede sostener tu vida entera.
Historia
Leí hace algún tiempo la historia de un hombre que reparaba violines antiguos. En su taller tenía instrumentos deteriorados: madera desgastada, cuerdas rotas, piezas sueltas, estructuras frágiles. Muchos de esos violines parecían inútiles, irreparables. Un visitante le preguntó un día por qué guardaba instrumentos tan dañados, si no tenían valor aparente.
El hombre sonrió y respondió: “Para otros están rotos… pero yo los veo terminados. Yo puedo imaginar el sonido que aún no han dado”. Y con paciencia los limpiaba, los lijaba, restauraba cada pieza, tensaba las cuerdas, y un día, cada uno de ellos volvía a cantar. A veces, más hermoso que antes de romperse.
Mientras leía esa historia entendí algo profundo: el valor no lo define la condición del instrumento… lo define la mano del Maestro que decide restaurarlo. Así mismo te ve Dios. No por lo que hoy está roto, sino por lo que Él mismo puede transformar.
Versículos a meditar
“Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.” — Juan 3:16 (NVI)
REFLEXIÓN
Este versículo no es simplemente una frase conocida; es la declaración más poderosa del corazón de Dios hacia ti. A veces lo hemos escuchado tantas veces que perdemos de vista su peso. Pero hoy quiero que lo leas como si fuera la primera vez. La Biblia no dice “Dios toleró al mundo”. No dice “Dios aceptó al mundo”. Dice que *amó*, y amó tanto, tan profundamente, tan desbordadamente, que hizo lo impensable: entregó lo más valioso que tenía por ti.
Este amor no comenzó cuando te portaste bien. No depende de tu rendimiento espiritual, ni de cuán perfecto sea tu testimonio. Dios no te ama porque eres fuerte, constante o victorioso. Te ama porque eres suyo. Y ese amor no se debilita cuando fallas, no se reduce cuando tropiezas, no se rompe cuando tú te rompes. Es un amor que no se cansa, que no se rinde, que no se agota.
Además, Juan 3:16 nos recuerda algo más profundo: Dios no solo te ama… Él decidió pagarlo todo por ti. La cruz es la evidencia eterna de que no eres un proyecto olvidado, ni una historia perdida. Si Cristo ya pagó por tu vida con Su propia sangre, ¿cómo va Él a abandonarte ahora? Ese amor no te soltó ayer, no te suelta hoy y no te soltará mañana. Eres amado con una consistencia que tus emociones no siempre pueden medir.
Finalmente, este amor transforma tu identidad. Te recuerda que no estás definido por tus errores, sino por la gracia recibida. Que no eres el producto de tus caídas, sino del precio que Cristo pagó. Que la vida eterna no es solo un destino futuro, sino una vida presente donde puedes caminar en paz, seguridad y propósito. Cuando entiendes Juan 3:16 de manera personal, tu corazón encuentra descanso… porque descubres que nunca has estado fuera del alcance del amor de Dios.
Aplicación diaria
- Haz una pausa de un minuto hoy, respira profundo y repite en tu corazón: *“Soy amado por Dios, incluso en lo que no entiendo de mí mismo.”*
- Piensa en un área donde te sientes insuficiente y entrégasela a Dios tal como está, sin adornos, sin excusas.
- Manda un mensaje corto a alguien que sabes que está luchando y dile: *“Dios no te suelta; Él te ama más de lo que imaginas.”*
- Antes de dormir, lee nuevamente Juan 3:16 y dale gracias al Señor por el amor que te sostiene incluso cuando tú no puedes sostenerte.
Ps. Eudomar Rivera