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El pesebre y la venida del Salvador

15 de diciembre – El pesebre y la venida del Salvador

Le pido a Dios que hoy prepare tu corazón con esperanza, humildad y una fe sencilla, capaz de reconocer Su presencia aun en lo pequeño.

El Adviento nos sitúa en un tiempo distinto al ritmo acelerado que suele marcar nuestras vidas. Mientras todo a nuestro alrededor corre, produce y exige resultados inmediatos, Dios nos invita a detenernos, a mirar con atención y a recordar que Él actúa de maneras que muchas veces pasan desapercibidas. No siempre llega con ruido, ni con anuncios espectaculares, sino con la profundidad silenciosa de lo eterno.

En estos días previos a la Navidad, hablamos mucho de la venida de Jesús. Recordamos su nacimiento histórico, celebramos su presencia diaria en nuestra vida y esperamos con fe su regreso glorioso. Sin embargo, a veces olvidamos que su primera venida estuvo marcada por la sencillez, por lo inesperado y por la humildad. Dios eligió un pesebre, no un palacio; eligió el silencio de la noche, no el aplauso de las multitudes.

El Adviento también nos confronta con una pregunta honesta: ¿estamos esperando a Jesús tal como Él es, o como nosotros quisiéramos que fuera? El pesebre nos enseña que Dios no siempre cumple nuestras expectativas humanas, pero siempre cumple fielmente Sus promesas. Aprender a esperar implica aprender a confiar, incluso cuando el escenario no parece el ideal.

Historia

Alguien me contó de una familia que cada diciembre armaba un pesebre muy elaborado en la sala de su casa. Tenían figuras grandes, luces, música y hasta un pequeño sistema de movimiento para los pastores. Pero había algo curioso: el niño Jesús se colocaba solo el 24 por la noche, y durante todo el Adviento el pesebre quedaba incompleto.

Un año, el hijo menor preguntó por qué el pesebre estaba vacío en el centro. El padre le explicó que así recordaban la espera, que el lugar vacío ayudaba a anhelar la llegada de Jesús. El niño se quedó pensativo y respondió: “Entonces ese espacio es para preparar el corazón”. Desde ese día, cada vez que la familia pasaba frente al pesebre incompleto, recordaban que no se trataba solo de decorar la casa, sino de preparar el interior.

Cuando finalmente colocaron la figura del niño Jesús, no hubo fuegos artificiales ni grandes discursos, pero sí un silencio profundo y una oración sencilla. Entendieron que Dios había venido, como siempre, de manera humilde, pero con un poder capaz de transformar toda la vida.

Versículos a meditar

“Hoy les ha nacido en el pueblo de David un salvador, que es Cristo el Señor.” (Lucas 2:11, NVI)

“Esto les servirá de señal: hallarán a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.” (Lucas 2:12, NVI)

REFLEXIÓN

El pesebre no fue una coincidencia ni una improvisación. Fue una elección divina que revela el corazón de Dios. Allí, en la fragilidad de un niño, se manifestó el Salvador del mundo. Dios decidió acercarse a nosotros sin imponerse, sin intimidar, sin exigir, invitándonos a reconocerlo desde la humildad y la fe.

La venida de Jesús nos recuerda que Dios entra en nuestra historia real, con sus límites, heridas y contradicciones. No espera que todo esté ordenado para venir; Él llega precisamente cuando la humanidad reconoce que no puede salvarse por sí misma. El pesebre es una declaración silenciosa de gracia: Dios viene a nosotros tal como somos.

Esperar a Cristo en Adviento no es una espera pasiva. Es una espera que transforma el corazón, que reordena prioridades y que nos enseña a mirar la vida desde la perspectiva del Reino. Cuando entendemos quién es el que viene, comprendemos que nuestra verdadera preparación no es externa, sino interior.

Hoy, el mismo Jesús que nació en un pesebre desea venir a los espacios sencillos de nuestra vida. A esos lugares donde no hay perfección, pero sí un corazón dispuesto. La promesa sigue vigente: el Salvador ha venido, está con nosotros y volverá. Y esa verdad cambia la manera en que vivimos, esperamos y amamos.

Aplicación diaria

  1. Dedica unos minutos hoy para revisar tu corazón y reconocer qué áreas necesitan ser preparadas para Cristo.
  2. Practica la sencillez, recordando que Dios se manifiesta muchas veces en lo pequeño y cotidiano.
  3. Ora agradeciendo que Jesús vino a tu realidad, no a una versión idealizada de tu vida.
  4. Vive este día con esperanza activa, confiando en que Dios cumple Sus promesas en Su tiempo.

Ps. Eudomar Rivera

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