fbpx

Enderezando el camino para que la luz vuelva a brillar

Le pido a Dios que hoy ilumine tu corazón, te dé claridad interior y te recuerde que nunca es tarde para comenzar de nuevo.

Hay días en los que seguimos caminando, cumpliendo responsabilidades, hablando con otros, pero por dentro sentimos que algo no está bien.
No siempre es un pecado visible ni un error reciente; a veces es un desgaste silencioso del alma, una distancia sutil entre lo que somos y lo que Dios soñó para nosotros.
En esos momentos, el corazón se acostumbra a sobrevivir en lugar de vivir.

El Adviento nos interrumpe justo ahí.
No llega para condenarnos, sino para despertarnos.
Nos recuerda que Dios no espera a que estemos perfectos para acercarse, sino que viene precisamente cuando reconoce que necesitamos un nuevo comienzo.
Adviento es gracia que se adelanta.

Este tiempo nos invita a mirar hacia adentro con honestidad, sin máscaras ni excusas.
No para señalarnos, sino para alinearnos.
Porque cuando el corazón se endereza, la vida comienza a ordenarse poco a poco.
Y ahí es donde la esperanza vuelve a respirar.

Historia

Alguien me contó la historia de un hombre que vivía cerca de un viejo faro abandonado.
Durante años, el faro había sido una referencia para los navegantes, pero con el tiempo dejó de funcionar.
El hombre veía cómo los barcos pasaban cada vez más lejos de la costa, temerosos de encallar.

Un día, después de una fuerte tormenta, decidió subir al faro.
Encontró polvo, óxido y una lámpara rota.
No era un trabajo rápido ni fácil, pero comenzó a limpiar, a reparar, a ajustar pieza por pieza.
Al anochecer, la luz volvió a encenderse.

Esa noche, varios barcos se acercaron nuevamente a la costa con confianza.
El faro no había cambiado de lugar; solo había sido restaurado.
El hombre comprendió algo profundo: no todo lo que deja de brillar está perdido; a veces solo necesita ser enderezado y encendido otra vez.

::contentReference[oaicite:0]{index=0}

Versículos a meditar

“Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas.”
“Todo valle será rellenado, todo monte y colina serán rebajados. Los caminos torcidos se enderezarán, y los ásperos se allanarán.” (Lucas 3:4–5, NVI)

“Produzcan frutos que demuestren arrepentimiento.” (Lucas 3:8, NVI)

REFLEXIÓN

El mensaje del Adviento no comienza con celebración, sino con preparación.
Antes del pesebre, hay un llamado al arrepentimiento.
No como castigo, sino como alineación.
Enderezar el camino no significa negar el pasado, sino permitir que Dios lo redima.

Arrepentirse es mucho más que sentirse mal por lo que hicimos.
Es cambiar la dirección del corazón.
Es reconocer que algunas sendas se torcieron, que ciertas decisiones nos alejaron de la luz,
y aun así creer que Dios sigue dispuesto a restaurar lo que parecía abandonado.

Juan el Bautista no llamó a las personas a fingir espiritualidad, sino a producir frutos visibles.
El arrepentimiento verdadero siempre se nota.
Se refleja en cómo hablamos, en cómo tratamos a otros, en cómo respondemos cuando nadie nos aplaude.
Es una transformación que nace adentro, pero se manifiesta afuera.

Adviento nos recuerda que Jesús viene, pero también que quiere encontrar un corazón preparado.
No perfecto, sino disponible.
No impecable, sino honesto.
Cuando permitimos que Dios limpie el polvo acumulado del alma, Su luz vuelve a brillar con fuerza.

Aplicación diaria

  1. Dedica hoy unos minutos a examinar tu corazón con sinceridad delante de Dios, sin justificarte.
  2. Identifica una actitud o hábito que sabes que necesita ser enderezado y entrégalo en oración.
  3. Da un paso concreto que refleje ese cambio, aunque sea pequeño.
  4. Permite que la gracia de Dios te restaure sin cargar culpas innecesarias.
  5. Recuerda que cuando el corazón se alinea, la luz de Cristo se vuelve visible en tu vida.

Ps. Eudomar Rivera

Compartelo:
Translate »
FHC Chatea ahora