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Esperar sin perder la fe

23 de diciembre – Esperar sin perder la fe

Le pido a Dios que hoy te conceda un corazón firme, capaz de esperar con confianza aun cuando el cumplimiento de Sus promesas parece tardar.

Hay etapas de la vida en las que esperar se vuelve especialmente difícil.
No porque falte fe,
sino porque el tiempo se alarga,
las fuerzas se desgastan
y las respuestas no llegan con la rapidez que quisiéramos.
En esos momentos, el corazón comienza a preguntarse si Dios sigue obrando.

Muchas veces asociamos la espera con pasividad,
pero la espera bíblica es todo lo contrario.
Es una espera activa,
cargada de confianza,
sostenida por la certeza de que Dios no olvida lo que ha prometido.
El problema no es esperar,
sino hacerlo sin esperanza.

A solo dos días de la Navidad,
recordamos que el nacimiento de Jesús
fue precedido por siglos de espera.
Dios no apresuró el proceso,
ni respondió a la ansiedad humana.
Él actuó en el momento exacto,
mostrando que Su fidelidad no depende de nuestra prisa,
sino de Su perfecto plan.

Historia

Alguien me contó de un agricultor que sembraba su campo cada año
con la misma dedicación,
aunque no siempre veía resultados inmediatos.
Preparaba la tierra,
sembraba la semilla
y luego esperaba.
No podía forzar el crecimiento,
solo confiar en el proceso.

Hubo temporadas difíciles,
con lluvias escasas y noches frías,
donde parecía que nada brotaría.
Algunos vecinos le decían que era inútil seguir esperando,
que buscara otro camino.
Pero él sabía algo que otros ignoraban:
la semilla estaba trabajando bajo la superficie.

Cuando finalmente llegó la cosecha,
no fue producto de la casualidad,
sino de la constancia y la confianza.
La espera no había sido tiempo perdido,
sino el espacio necesario
para que la vida creciera en silencio.

Versículos a meditar

“Simeón tomó al niño en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: ‘Ahora, Señor, puedes despedir a tu siervo en paz, conforme a tu palabra’.” (Lucas 2:28–29, NVI)

“Porque mis ojos han visto tu salvación.” (Lucas 2:30, NVI)

REFLEXIÓN

Simeón es un ejemplo poderoso de lo que significa esperar sin perder la fe.
La Biblia nos dice que aguardaba la consolación de Israel,
sosteniéndose únicamente en la promesa de Dios.
No vemos en él desesperación,
sino una confianza madura,
forjada a lo largo de los años.
Su espera no lo alejó de Dios;
lo acercó más a Él.

Cuando finalmente sostuvo a Jesús en sus brazos,
Simeón no celebró un evento,
reconoció una verdad eterna.
Entendió que la salvación no era un concepto,
sino una Persona.
Cristo era la respuesta a cada día de espera,
a cada oración silenciosa,
a cada noche de perseverancia.

Muchas veces queremos que Dios actúe rápido,
pero Él está más interesado en formar nuestro corazón
que en cumplir nuestros plazos.
La espera revela en qué apoyamos nuestra fe:
en los resultados inmediatos
o en la fidelidad inmutable de Dios.

En este tiempo cercano a la Navidad,
Dios nos recuerda que Él siempre cumple lo que promete.
Tal vez no cuando queremos,
pero siempre cuando es necesario.
Y cuando finalmente vemos Su obra,
comprendemos que la espera nunca fue en vano.

Aplicación diaria

  1. Reconoce delante de Dios aquello que hoy estás esperando con mayor dificultad.
  2. Recuerda que Cristo es la prueba viva de que Dios cumple Sus promesas.
  3. Decide confiar en el proceso, aun cuando no veas resultados inmediatos.
  4. Permanece firme en oración, aunque el silencio parezca prolongarse.
  5. Comparte esperanza con alguien que esté atravesando un tiempo de espera.

Ps. Eudomar Rivera

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