⏳ Jueves 4 de diciembre – Esperar sin rompernos (Adviento)
Le pido a Dios que hoy renueve tus fuerzas mientras esperas aquello que has puesto en sus manos.
Todos hemos pasado por temporadas en las que la espera se siente interminable. Esperas una respuesta, una puerta abierta, un cambio, una confirmación, una sanidad, una oportunidad o simplemente un respiro. Y aunque tratas de mantener la fe, hay días en los que el alma se siente al borde del cansancio profundo, como si un hilo muy fino sostuviera todo.
La espera puede desgastar, no porque falte fe, sino porque somos humanos. Nos cansamos, dudamos, queremos acelerar procesos, buscamos señales, y a veces nos frustramos con nosotros mismos por no ser tan fuertes como imaginábamos. Y justamente en ese lugar humano, frágil, real, es donde el Adviento cobra un sentido especial.
Adviento no es solo recordar que Cristo vino; es aprender cómo la gente de Dios esperó por siglos una promesa que parecía tardar demasiado. Y aún así, Dios jamás dejó de trabajar en silencio. La espera no era un castigo; era un proceso donde Él preparaba corazones, tiempos, caminos y circunstancias. Hoy, Dios también te está preparando a ti.
Historia
Alguien me contó la historia de una mujer que plantó un cerezo en su patio. Le habían dicho que ese tipo de árbol tardaba años en dar fruto, pero ella lo plantó igual. Los primeros meses lo regaba con constancia, emocionada. Pasó el primer año y nada. El segundo año, sólo unas ramas tímidas. El tercero, apenas unas hojas nuevas.
Comenzó a preguntarse si había hecho algo mal: ¿lo estaba sembrando en el lugar incorrecto?, ¿necesitaba más luz?, ¿más agua?, ¿menos agua?, ¿otro tipo de abono? A veces se sentaba frente al árbol y suspiraba, diciendo: “Señor, ¿cuándo veré fruto?”. Para ella era solo un árbol, pero representaba todas las esperas de su vida: oraciones sin respuesta, sueños aplazados, promesas que parecían no llegar.
Un día, después de casi cinco años, mientras salía a trabajar temprano, vio algo diferente: una pequeña flor rosada brotando de una rama. No era grande, no era impresionante, pero era suficiente para llenar sus ojos de lágrimas. Aquel árbol no había estado inactivo; sus raíces habían crecido en silencio, preparándose para sostener el fruto que vendría. Ese día entendió algo profundo: “Dios no trabaja a mi ritmo, pero sí trabaja a mi favor”.
Versículos a meditar
“Pon tu esperanza en el Señor; ten valor, cobra ánimo; ¡pon tu esperanza en el Señor!” (Salmo 27:14, NVI)
REFLEXIÓN
El salmista no nos dice que esperemos porque es fácil, ni que todo saldrá rápido, ni que la espera no duela. Nos dice que esperemos porque Dios es digno de confianza. Cuando la Biblia habla de “esperar”, no se refiere a resignarse, sino a permanecer con expectativa en un Dios que no falla, incluso cuando sus silencios parecen largos.
Esperar sin rompernos no significa que no experimentemos momentos de debilidad. Significa que aun en esos momentos, Dios sostiene cada parte de nosotros. En la espera, Él fortalece lo débil, madura lo inmaduro, sana lo herido y alinea lo que está fuera de orden. Lo que parece inactividad es, muchas veces, preparación divina. Dios no improvisa. Él conoce el momento exacto para cada respuesta.
Tal vez tu vida, hoy, parece como ese árbol sin fruto. Quizás ya pasaron años orando por lo mismo, luchando con lo mismo, deseando lo mismo. Y aunque no ves movimiento, Dios está trabajando profundamente en raíces que tú no ves: carácter, convicciones, sensibilidad espiritual, confianza, dependencia, obediencia. Él está formando en ti la capacidad de sostener lo que has estado pidiendo.
El Adviento nos recuerda que el pueblo de Dios esperó siglos para ver al Mesías, pero cuando Él vino, fue en el momento perfecto. Así también Dios obra en tu vida. Puede que no llegue cuando tú quieres, pero llegará cuando debe. Y mientras tanto, Él te sostiene para que no te rompas, para que no te apagues, para que no pierdas la esperanza. *Dios está obrando en ti, aunque aún no lo veas.*
Aplicación diaria
- Piensa en algo que has estado esperando por mucho tiempo y háblalo con Dios con honestidad: “Señor, esto me cansa, pero sigo confiando”.
- Toma un minuto para agradecer por las cosas que Dios ya está haciendo, aunque todavía no las veas. Él trabaja primero en raíces.
- Haz hoy una acción pequeña, simbólica, que represente fe: escribir una oración, encender una luz, leer un salmo, enviar ánimo a alguien más.
- Lee Salmo 27:14 dos veces: una en la mañana, otra en la noche. Deja que esta palabra acompañe tu espera.
- Comparte este mensaje con alguien que sabes que está esperando algo importante. Que este Adviento también los fortalezca a ellos.
Con cariño pastoral,
Ps. Eudomar Rivera