25 de febrero – Getsemaní en mitad de semana
Le pido a Dios que hoy, en medio de tu jornada, encuentres fuerzas para rendir lo que pesa en tu interior.
La mitad de la semana suele revelar lo que el lunes apenas insinuaba. El cansancio comienza a sentirse. Las responsabilidades no han disminuido. Las conversaciones pendientes siguen allí. Y tal vez hoy no es ansiedad lo que domina, ni culpa, sino algo más silencioso: agotamiento emocional.
Muchos creyentes no dejan de amar a Cristo a mitad de semana. Lo que ocurre es que se cansan de sostener cargas sin procesarlas. Guardan lo que sienten. Continúan funcionando. Cumplen. Pero por dentro algo comienza a tensarse.
El domingo hablamos de que las emociones no deben gobernar. Pero hoy debemos recordar algo más profundo: no se gobiernan negándolas, sino rindiéndolas. Y nadie nos enseñó mejor ese patrón que Cristo mismo.
Historia
Leí una vez sobre un creyente que parecía fuerte ante todos. Servía, trabajaba, aconsejaba. Pero una noche confesó que estaba exhausto por dentro. No era falta de fe. Era falta de rendición. Había aprendido a resistir, pero no a entregar.
Decía que cuando la presión aumentaba, su reacción era endurecerse. “Tengo que poder”, repetía. Hasta que un día, leyendo el relato de Getsemaní, se detuvo en una frase: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte”. Allí entendió algo que cambió su vida. Jesús no ocultó su angustia. La expresó.
Pero no terminó allí. Luego dijo: “No se haga mi voluntad, sino la tuya”. Esa oración transformó su manera de enfrentar la presión. No se trataba de resistir con fuerza propia, sino de reconocer, expresar y rendir. Desde entonces, cuando el cansancio aparecía, no lo negaba. Lo llevaba al Padre.
Versículos a meditar
«Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quédense aquí y velen conmigo.» (Mateo 26:38, NVI)
«Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.» (Lucas 22:42, NVI)
REFLEXIÓN
Getsemaní nos muestra que la madurez espiritual no es la ausencia de emoción intensa. Es correcta la dirección de esa emoción. Jesús sintió angustia real. No la minimizó. No la escondió detrás de frases religiosas. La nombró con claridad. Eso es honestidad espiritual.
Pero el punto culminante no fue la tristeza. Fue la rendición. “No se haga mi voluntad, sino la tuya”. Allí se define quién reina. No es la emoción la que determina el camino, sino la obediencia. Cuando Cristo gobierna el corazón, incluso la angustia encuentra orden.
Muchos de nosotros estamos a mitad de semana intentando sostener lo que deberíamos entregar. Queremos controlar cuándo deberíamos buscar comunión. Queremos soluciones inmediatas cuando Dios está formando una dependencia profunda.
Hoy no necesitas endurecerte. Necesitas acercarte. El mismo Cristo que oró en Getsemaní entiende tu agotamiento. Y el mismo Padre que escuchó su oración escucha la tuya. La rendición no te debilita; te alinea con el gobierno correcto.
Aplicación diaria
- Identifica la emoción predominante hoy: ¿es cansancio, presión, frustración?
- Exprésala en oración con honestidad, sin espiritualizarla ni ocultarla.
- Declara en voz alta: “No se haga mi voluntad, sino la tuya”.
- Evita tomar decisiones importantes si estás emocionalmente agotado.
- Busca un momento de silencio hoy para recordar quién gobierna tu corazón.
Ps. Eudomar Rivera
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