29 de noviembre – Gratitud en toda circunstancia
Le pido a Dios que hoy te regale una mirada nueva para reconocer Su mano aun en lo que no entiendes.
Hay días en los que agradecer fluye naturalmente: una buena noticia, un abrazo oportuno, un descanso necesario. Pero también hay días en los que la gratitud parece una tarea pesada, casi imposible. Esos días cuando el corazón está cansado, la mente cargada y las circunstancias no muestran nada que celebrar. Y, sin embargo, es justamente allí donde la gratitud se vuelve más poderosa.
A veces nos levantamos con la mente ya llena de pendientes, preocupaciones o decepciones. Y sin darnos cuenta, comenzamos a ver la vida a través de un lente oscuro que nos roba la calma. En esos momentos es fácil olvidar cuántas misericordias nos sostienen, incluso mientras luchamos. La gratitud no niega el dolor, pero sí nos recuerda que Dios sigue actuando.
La Biblia nos enseña que dar gracias no depende del ambiente, sino de una mirada espiritual que reconoce: “Dios está aquí, aun cuando no lo siento”. Y cuando aprendemos a mirar así, el alma empieza a respirar diferente, porque la gratitud abre espacio a la paz, la esperanza y la confianza en el Dios que nunca deja de obrar.
Historia
Alguien me contó una vez sobre una mujer llamada Clara. Durante años luchó con desafíos familiares, económicos y de salud. Cada mes parecía traer un nuevo motivo para desesperar. Sin embargo, quienes la conocían notaban algo en ella: nunca dejaba de agradecer. No era un agradecimiento superficial, sino uno que nacía de una fe profunda. Un día, cuando le preguntaron cómo podía estar agradecida en medio de tanto dolor, respondió algo que nunca olvidé: “Agradezco no porque todo esté bien, sino porque en todo Dios está conmigo”.
Dijo que cada noche hacía el mismo ejercicio: antes de dormir, escribía tres razones por las cuales dar gracias. Algunas eran grandes, otras muy sencillas. Un vaso de agua fría. Una llamada inesperada. La fuerza para terminar un día difícil. Ese hábito no cambiaba sus problemas, pero transformaba su corazón. Y con el tiempo, su vida comenzó a recuperar color. No porque la tormenta terminó rápido, sino porque la gratitud la fortaleció mientras pasaba por ella.
Clara vivió lo que muchos de nosotros necesitamos recordar: la gratitud no depende del panorama, sino de la presencia de Dios en el panorama. A veces no vemos la salida, pero sí podemos ver Su fidelidad. Y eso ya es motivo para agradecer.
Versículos a meditar
“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús.” (1 Tesalonicenses 5:18, NVI)
REFLEXIÓN
Este versículo no dice “dad gracias por todo”, sino “en todo”. Dios no espera que agradezcamos el sufrimiento, la injusticia o el dolor. Pero sí nos invita a reconocer Su presencia, Su cuidado y Su propósito aun cuando la vida se siente áspera. Él sabe que la gratitud abre un espacio interior donde Él puede sanar, fortalecer y dirigir.
Cuando agradecemos en medio de la dificultad, no estamos fingiendo que nada pasa. Estamos declarando que Dios sigue siendo bueno, aunque nuestro día no lo sea. La gratitud es un acto de fe, una confesión silenciosa que dice: “Señor, confío en que estás obrando incluso aquí”. Y esa confesión cambia la atmósfera del corazón.
La gratitud también nos redirige. Nos saca del círculo del desánimo y nos recuerda que no vivimos dependiendo de lo que vemos, sino de lo que Dios prometió. Él no abandona, no retrocede, no olvida. Y cuando cultivamos la gratitud, comenzamos a notar detalles que antes pasaban desapercibidos: pequeñas provisiones, momentos de alivio, personas que Dios usa para sostenernos.
Finalmente, la gratitud nos conecta con Cristo. Él es la razón por la que podemos dar gracias aun cuando nuestra historia tiene capítulos difíciles. En Cristo tenemos perdón, vida nueva, esperanza, compañía y victoria. Todo esto permanece aunque las circunstancias cambien. Por eso, dar gracias es abrazar la verdad de que en Jesús nunca estamos solos y nunca estamos sin propósito.
Aplicación diaria
- Escribe hoy tres cosas por las que puedas dar gracias. No tienen que ser grandes; solo reales.
- Haz una pausa de un minuto y dile a Dios: “Gracias porque estás conmigo hoy”.
- Decide reemplazar una queja por una gratitud. Solo una. Verás la diferencia.
- Comparte este mensaje con alguien que esté atravesando un momento difícil. La gratitud también fortalece a otros.
Ps. Eudomar Rivera