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La alegría del encuentro

21 de diciembre – La alegría del encuentro

Le pido a Dios que hoy tu corazón sea visitado por una alegría profunda, de esas que no dependen de las circunstancias, sino de Su presencia viva en tu vida.

Hay días en los que el alma necesita algo más que palabras bonitas.
Necesita un encuentro real, sincero, que renueve por dentro.
A veces no lo sabemos expresar, pero sentimos que algo falta, como si la alegría estuviera apagada o en pausa.
Seguimos cumpliendo responsabilidades, sonriendo cuando hace falta, pero por dentro hay cansancio y silencios no dichos.
Dios conoce ese lugar del corazón.

El tiempo de Adviento nos recuerda que la fe cristiana no es una idea abstracta, sino una historia de encuentros.
Dios se acerca, Dios visita, Dios irrumpe en la vida cotidiana.
Y cuando Él llega, algo se despierta dentro de nosotros.
No siempre cambia la situación de inmediato, pero sí transforma la manera en que la vivimos.
La alegría cristiana nace ahí: en la presencia de Dios con nosotros.

Muchas veces pensamos que la alegría vendrá cuando todo esté resuelto.
Cuando los problemas se acomoden, cuando las relaciones sanen, cuando las cargas se alivien.
Pero el Evangelio nos muestra otra realidad: la alegría aparece en el encuentro con Cristo, aun en medio de procesos incompletos.
Hoy no se trata de negar lo que pesa, sino de abrir espacio para que Dios se haga presente en medio de ello.
Ese encuentro siempre deja huella.

Historia

Alguien me contó la historia de dos mujeres que no se habían visto en mucho tiempo.
Cada una estaba viviendo su propio proceso, con temores, preguntas y expectativas que nadie más comprendía del todo.
Cuando finalmente se encontraron, no hubo discursos largos ni explicaciones complejas.
Bastó el saludo, la mirada y el abrazo para que algo cambiara en el ambiente.
Ambas sintieron que no estaban solas, que Dios estaba obrando más allá de lo que podían entender.

Ese momento sencillo se convirtió en un punto de inflexión.
No porque todo se resolvió, sino porque la alegría nació del reconocimiento mutuo y de la certeza de que Dios estaba presente en esa historia compartida.
Fue un encuentro santo, cargado de esperanza.
Así actúa Dios muchas veces: a través de personas, visitas, palabras simples y gestos llenos de gracia.
La alegría verdadera suele llegar envuelta en lo cotidiano.

Versículos a meditar

“Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de alegría en mi vientre.” (Lucas 1:44, NVI)

REFLEXIÓN

Este pasaje nos muestra que la alegría cristiana no es superficial ni fabricada.
Surge cuando Cristo es reconocido, aun antes de ser visto.
Isabel experimenta gozo no por las circunstancias externas, sino porque la presencia del Salvador ya estaba actuando.
La obra de Dios produce una alegría que nace desde lo más profundo, incluso cuando la historia todavía se está escribiendo.
Esa es la alegría que sostiene la fe.

María no llega con grandes palabras ni con respuestas claras sobre el futuro.
Llega con obediencia, fe y la presencia de Dios en su vida.
Su visita se convierte en un canal de bendición, porque donde Cristo está presente, algo se mueve, algo despierta, algo salta de alegría.
Esto nos recuerda que nuestra vida puede ser un instrumento para llevar gozo a otros, aun sin darnos cuenta.
Cristo en nosotros siempre tiene impacto.

La alegría del encuentro no depende de la perfección de nuestra fe, sino de la fidelidad de Dios.
Él obra incluso cuando todavía hay dudas, preguntas y procesos abiertos.
El gozo del Evangelio es una señal de que Dios está cumpliendo Sus promesas, aunque aún no veamos el resultado final.
Esa alegría confirma que Dios está presente y activo.
Y cuando Él está, nada permanece igual.

Hoy el llamado es claro: permitir que Cristo se haga presente en nuestros encuentros diarios.
En una conversación, en una visita, en un gesto sencillo.
Muchas personas a nuestro alrededor cargan silencios y luchas invisibles.
Un encuentro lleno de gracia puede ser el espacio donde Dios despierte nuevamente la alegría.
El Evangelio sigue produciendo gozo cuando es compartido con amor.

Aplicación diaria

  1. Busca hoy un encuentro intencional con alguien, aunque sea breve, y entrégalo a Dios como un acto de amor.
  2. Permite que Cristo sea el centro de tus conversaciones, no con discursos, sino con una actitud llena de gracia.
  3. Observa cómo Dios puede usar gestos simples para traer alegría a otros y también a tu propio corazón.
  4. Recuerda que la verdadera alegría nace de la presencia de Dios, no de la perfección de las circunstancias.

Ps. Eudomar Rivera

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