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20 de diciembre – La humildad

Adviento

Le pido a Dios que hoy te conceda un corazón sensible, humilde y dispuesto a confiar en Su voluntad aun cuando no tengas todas las respuestas.

Hay momentos en la vida en los que Dios nos habla y lo primero que surge no es paz, sino preguntas. Pensamos en las consecuencias, en lo que puede cambiar, en lo que podríamos perder. No siempre es fácil decir “sí” cuando no entendemos el panorama completo.

Adviento nos coloca frente a una verdad incómoda pero necesaria: Dios no siempre explica todo antes de obrar. Muchas veces invita a confiar antes de comprender. Y esa invitación revela lo que realmente hay en nuestro corazón.

En medio de una historia marcada por la espera y la promesa, aparece una joven sencilla, sin poder ni prestigio, que nos enseña que la grandeza espiritual no está en controlar el futuro, sino en rendirse a Dios con humildad.

Historia

Leí una vez el testimonio de una mujer que recibió una noticia que cambiaría por completo su vida. No era algo que ella había planeado ni pedido. Todo lo que conocía estaba a punto de transformarse. Su primera reacción fue el miedo, seguido de una profunda lucha interna.

Durante días oró pidiéndole a Dios claridad, señales, explicaciones. No recibió un mapa detallado, pero sí una convicción silenciosa: Dios estaba presente y no la dejaría sola. Fue entonces cuando, con lágrimas en los ojos, decidió confiar.

Años después, al mirar atrás, entendió que aquel acto de rendición había sido el punto de partida de algo mucho más grande de lo que pudo imaginar. No porque todo fuera fácil, sino porque Dios fue fiel en cada paso.

Versículos a meditar

“—Aquí tienes a la sierva del Señor —contestó María—; que él haga conmigo como me has dicho.” (Lucas 1:38, NVI)

REFLEXIÓN

La respuesta de María no nace de la ingenuidad, sino de una fe profunda. Ella entendía que aceptar la voluntad de Dios implicaba riesgos, incomprensión y sacrificio. Aun así, eligió confiar más en el carácter de Dios que en sus propias certezas.

La humildad de María no consiste en sentirse pequeña, sino en colocarse voluntariamente bajo la dirección de Dios. Reconoció que su vida no le pertenecía solo a ella, sino que formaba parte de un plan mayor, santo y redentor.

Muchas veces deseamos que Dios haga Su obra sin alterar demasiado nuestra comodidad. Sin embargo, el Adviento nos recuerda que la verdadera fe se manifiesta cuando decimos “sí” incluso cuando el camino no es claro. La obediencia humilde abre espacio para que Dios obre de maneras inesperadas.

María nos enseña que rendirse a Dios no es perder identidad, sino encontrar propósito. Cuando confiamos en Su voluntad, aunque tiemble el corazón, descubrimos que Él siempre es digno de nuestra entrega.

Aplicación diaria

  1. Preséntale hoy a Dios aquello que te cuesta aceptar y entrégaselo con honestidad.
  2. Repite en oración: “Señor, confío en Ti, aun cuando no entiendo”.
  3. Practica la humildad escuchando la voz de Dios antes de reaccionar con temor o control.
  4. Da un paso de obediencia concreto, aunque sea pequeño, confiando en que Dios guía tus pasos.

Ps. Eudomar Rivera

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