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La Luz que rompe la oscuridad

🌟 Martes 2 de diciembre – La Luz que rompe la oscuridad (Adviento)

Le pido a Dios que hoy la luz de Cristo entre con suavidad en esas áreas de tu vida donde ya te cansaste de luchar solo.

Hay momentos en que por fuera todo parece normal, pero por dentro sentimos que caminamos en penumbras. No es necesariamente un gran pecado escandaloso, a veces es *cansancio*, *miedo al futuro*, *culpa acumulada* o esa sensación de que ya no brillamos como antes. Son sombras internas que nadie ve, pero que tú conoces muy bien porque viven en tus pensamientos, en tus noches en vela y en tus silencios prolongados.

En este tiempo de Adviento hablamos mucho de luces, decoraciones y canciones, pero muchas personas celebran por fuera mientras por dentro se preguntan: “¿Por qué me siento tan apagado?”. Tal vez estás cumpliendo con tus responsabilidades, sirves, trabajas, amas a tu familia, pero sientes que algo se oscureció en tu interior. Ya no oras con la misma pasión, has perdido un poco de ilusión, o te cuesta creer que algo nuevo de parte de Dios pueda venir para ti.

La buena noticia del Adviento es esta: *no se trata de tu capacidad de encenderte*, sino de la fidelidad de Jesús para traer su luz donde tú ya no puedes más. Él no espera encontrarte perfecto; viene a tu realidad tal como está. Viene a tus sombras, a tus dudas, a tu desánimo, y se presenta como una luz que no solo alumbra el camino, sino que también *sana* el corazón. Hoy quiero recordarte que la luz de Cristo no es un adorno navideño; es una presencia real que tiene el poder de romper la oscuridad más profunda.

Historia

Leí la historia de un hombre que, de niño, le tenía un miedo intenso a la oscuridad. Cada noche, al apagarse las luces de la casa, su mente comenzaba a imaginar todo tipo de peligros: sombras que se movían, ruidos extraños, figuras en el pasillo. Sus padres le explicaban que no había nada malo, que todo estaba bien, pero su corazón seguía acelerado. Una noche, su abuelo vino de visita y notó su miedo. En vez de regañarlo, se sentó a la orilla de la cama y encendió una pequeña lámpara de mesa que tenía una luz cálida y suave.

El abuelo le dijo: “Esta luz no hace que el cuarto sea diferente; los muebles son los mismos, las paredes son las mismas, la puerta está en el mismo lugar. Pero la luz te permite ver la realidad sin que el miedo la distorsione”. El niño se quedó mirando aquella lámpara. El cuarto seguía igual, pero ahora podía ver. Ya no había monstruos en el clóset, solo ropa colgada. No había sombras amenazantes, solo la forma de una silla. La luz no cambió la estructura del cuarto, pero sí cambió la manera en que él lo veía y, sobre todo, la manera en que se sentía dentro de él.

Años más tarde, ese hombre contó cómo esa pequeña experiencia marcó su vida espiritual. Dijo algo que jamás olvidó: “Cuando conocí a Cristo, fue como cuando mi abuelo encendió aquella lámpara. Mi vida seguía teniendo luchas, pruebas y desafíos, pero ya no estaba a oscuras. La luz de Jesús no quitó todos los problemas, pero sí rompió el poder de la oscuridad sobre ellos”. Esa es la diferencia entre vivir un Adviento solo como tradición, y vivirlo como un tiempo donde reconoces que la verdadera luz que necesitas no es exterior, sino interior.

Versículos a meditar

“La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no han podido extinguirla.” (Juan 1:5, NVI)

REFLEXIÓN

Juan 1:5 nos recuerda algo poderoso: la luz de Cristo no es frágil. No es una velita que el viento apague con facilidad. Es una luz que entra en las tinieblas y, aunque la oscuridad se resista, no puede vencerla. Tal vez tu corazón se siente como una habitación cerrada, con recuerdos dolorosos, culpas antiguas o temores nuevos; pero la Palabra de Dios declara que la luz de Jesús es más fuerte que todo eso. *La oscuridad puede rodearte, pero no tiene la última palabra sobre tu vida.*

Adviento es precisamente este recordatorio: el Hijo de Dios decidió entrar en nuestra noche. No se quedó observando desde lejos, sino que se hizo carne, caminó entre nosotros, sintió el dolor, la traición, el rechazo y la soledad. Él sabe lo que es llorar, sabe lo que es sentirse abandonado, sabe lo que es ser incomprendido. Por eso su luz no es una luz fría; es una luz llena de compasión. No viene a señalarte con dureza, viene a mostrarte el camino de regreso al corazón del Padre.

Quizás tu oscuridad hoy no sea un gran pecado público, sino el desgaste emocional de tantos intentos fallidos, palabras que te hirieron, promesas rotas, o sueños que no se cumplieron. Tal vez te llevas bien con todos, pero por dentro sientes que te apagaste. Jesús no te juzga por sentirte así; al contrario, se acerca a ti justamente ahí. Él quiere ser esa lámpara encendida en el cuarto de tu alma, que te permita ver que no estás solo, que aún hay propósito, que no eres un caso perdido, que todavía hay algo hermoso que Dios desea hacer contigo.

La pregunta hoy no es si Jesús tiene luz suficiente, porque la tiene. La verdadera pregunta es: ¿le permitirás entrar a esos lugares donde has aprendido a vivir con la oscuridad como si fuera normal? Adviento es la invitación a dejar de acostumbrarnos a las sombras internas y abrir espacio para que Cristo vuelva a brillar en nosotros. No se trata de “poner buena cara”, se trata de dejar que su luz rompa mentiras, miedos, culpas y cadenas que has cargado por años. *Cuando la luz de Cristo entra, no solo ves mejor el camino: también recuerdas quién eres en Él.*

Aplicación diaria

  1. Tómate hoy 10 minutos en silencio y dile al Señor con honestidad: “Jesús, aquí está la oscuridad que hay en mí”. Nómbrale tus miedos, culpas o emociones confusas; no los escondas delante de Él.
  2. Lee en voz alta Juan 1:5 y repite varias veces: *“Tu luz, Jesús, es más fuerte que mi oscuridad”*. Permite que esa verdad entre en tu mente y en tu corazón, no solo como una frase, sino como una realidad sobre tu vida.
  3. Piensa en un área práctica donde sueles actuar desde la oscuridad (reacción impulsiva, desánimo, comparación, culpa constante) y pídele al Señor una acción concreta para hoy: una conversación que debes tener, un perdón que debes otorgar, una decisión que debes tomar.
  4. Comparte este mensaje con alguien que sabes que está pasando por una noche difícil. A veces, Dios usa una simple palabra compartida a tiempo para encender una luz en el corazón de otra persona.
  5. Esta noche, antes de dormir, apaga todas las luces de tu cuarto por un momento y enciende una sola luz (una lámpara, una vela segura o la linterna del teléfono) mientras haces una breve oración: “Señor, que tu luz rompa toda oscuridad en mí”. Deja que ese gesto sencillo sea un símbolo de tu fe en este Adviento.

Con cariño pastoral,

Ps. Eudomar Rivera

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