21 de noviembre – La promesa que cambia tu eternidad ✨
Le pido a Dios que hoy su amor te abrace de tal manera, que sientas la seguridad de que en Cristo tu eternidad está en Sus manos.
Hay días en los que podemos tener muchas metas: pagar deudas, mejorar la salud, avanzar en el trabajo, cuidar a la familia. Son cosas buenas y necesarias.
Pero, en medio de todas esas responsabilidades, es fácil olvidar una pregunta que pesa más que cualquier otra:
*¿dónde pasaremos la eternidad?* A veces evitamos pensar en la muerte, pero la realidad es que todos estamos caminando hacia ella.
Tal vez has sentido ese vacío silencioso cuando todo está aparentemente bien, pero por dentro te preguntas:
“¿Y si hoy fuera mi último día, qué pasaría conmigo?” Esa sensación no se llena con más dinero, más logros ni más entretenimiento.
Es una inquietud profunda del corazón que solo se calma cuando sabemos con certeza a quién pertenece nuestra vida y nuestro destino eterno.
La buena noticia del evangelio es que Dios no quiere que vivas con miedo, ni confundido, ni inseguro sobre tu eternidad.
Él hizo algo definitivo, irreversible y poderoso para darte una respuesta clara.
Hoy quiero recordarte que la salvación y la vida eterna no son un premio para los “perfectos”, sino un regalo para los que creen en Jesucristo como su Señor y Salvador.
Historia
Alguien me contó la historia de un hombre que, durante muchos años, vivió con el miedo constante a la muerte.
No era mala persona, trabajaba duro, ayudaba a sus amigos y amaba a su familia.
Pero cada vez que asistía a un funeral, cada vez que escuchaba de una enfermedad grave, algo dentro de él se estremecía.
Pensaba: “Si me pasara a mí, no sé qué pasaría con mi alma”.
Un día, fue invitado a una pequeña reunión en casa de unos amigos.
Allí no encontró luces de colores ni un ambiente religioso complicado, solo un grupo de personas cantando con sencillez y leyendo la Biblia.
El tema de esa noche fue precisamente Juan 3:16.
El predicador habló de un Dios que no está buscando excusas para condenar, sino razones para salvar.
Habló de Jesús, no como un personaje lejano, sino como el Salvador cercano que llevó sobre sí nuestros pecados.
Mientras escuchaba, este hombre se dio cuenta de algo: toda su vida había intentado “ser bueno” para ver si Dios lo aceptaba,
pero nunca había confiado de corazón en lo que Cristo ya había hecho en la cruz.
Esa noche, con lágrimas en los ojos, oró sencillamente:
“Señor Jesús, creo que moriste por mis pecados y resucitaste. Te entrego mi vida, sé mi Salvador y mi Señor”.
No sintió fuegos artificiales, pero algo cambió en lo más profundo de su ser: por primera vez dejó de temer la muerte,
porque entendió que su eternidad estaba asegurada en las manos de Cristo.
Con el paso de los años, enfrentó enfermedades, crisis económicas y momentos de dolor, como todos.
Pero ya no caminaba solo ni en tinieblas.
Su familia notó que, aunque las circunstancias no siempre eran fáciles, había una paz nueva en él.
Y cuando finalmente llegó el momento de partir, sus últimas palabras fueron:
“Voy a la casa del Padre, Jesús me prometió vida eterna”.
Esa es la seguridad que Dios quiere darte también a ti.
Versículos a meditar
“Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.” (Juan 3:16, NVI)
“Yo les doy vida eterna, y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano.” (Juan 10:28, NVI)
REFLEXIÓN
Juan 3:16 nos muestra el corazón de Dios de una forma directa y contundente.
No dice “Dios toleró al mundo” ni “Dios soportó al mundo”, sino que “tanto amó Dios al mundo”.
Ese “mundo” incluye tu historia, tus heridas, tus fracasos, tus dudas y tus pecados.
El amor de Dios no es teoría, se hizo acción cuando el Padre “dio a su Hijo unigénito”.
La salvación no comenzó con tu búsqueda de Dios, sino con la búsqueda de Dios por tu vida.
Fíjate también en la palabra “todo”: “para que todo el que cree en él”.
No dice “el que se lo merece”, “el que nunca ha fallado” o “el que tiene una vida religiosa perfecta”.
Dice “todo el que cree”.
Esto significa que la puerta está abierta para ti, sin importar tu pasado, tu trasfondo o tus caídas.
La clave no es lo que tú puedes hacer para ganarte el favor de Dios, sino en quién decides confiar: en ti mismo, o en Cristo y Su obra perfecta.
El contraste es fuerte: “no se pierda, sino que tenga vida eterna”.
Sin Cristo, la persona está perdida aunque tenga éxito, dinero, títulos o fama.
Con Cristo, la persona puede parecer pequeña a los ojos del mundo, pero tiene un destino glorioso asegurado por la promesa de Dios.
La vida eterna no es solo vivir para siempre; es vivir para siempre en la presencia de Dios, sin culpa, sin condenación y sin separación de Su amor.
Jesús afirma en Juan 10:28 que Él mismo da vida eterna y que nadie puede arrebatarnos de Su mano.
Esto significa que la salvación no depende de tus altibajos emocionales, ni de tus días buenos o malos,
ni de cuán fuerte te sientas, sino de la fidelidad de Aquel que te sostiene.
Cuando entregas tu vida a Cristo, tu eternidad deja de ser una moneda al aire y se convierte en una certeza descansando en Sus manos heridas por ti en la cruz.
Hoy, Dios quiere que dejes de vivir con un temor silencioso al futuro y empieces a vivir con la paz de saber que tu vida está escondida en Cristo.
La salvación no es una carga pesada, es un regalo inmerecido; no es una cadena, es libertad;
no es una teoría, es una relación viva con Jesús.
Y si ya eres creyente, este mensaje también es para ti: recuerda que la misma gracia que te salvó es la que te sostiene cada día hasta el final.
Aplicación diaria
- Tómate unos minutos hoy para hablar sinceramente con Dios sobre tu eternidad.
Si nunca has entregado tu vida a Cristo, haz una oración sencilla, pero real, pidiéndole que sea tu Señor y tu Salvador. - Lee nuevamente Juan 3:16 y Juan 10:28, despacio, como si fuera la primera vez.
Repite en voz baja: “En Cristo tengo vida eterna y nadie me puede arrebatar de su mano”. - Si ya eres creyente, recuerda un momento en el que Dios te sostuvo cuando pensabas que no podías más.
Agradece específicamente por cómo Su gracia te ha guardado hasta hoy, y renueva tu confianza en Él. - Comparte este mensaje con alguien que sabes que vive con temor a la muerte o al futuro.
A veces, una palabra de esperanza puede ser la puerta que Dios usa para transformar una vida para siempre. - Esta noche, antes de dormir, descansa en esta verdad:
si has creído en Cristo, tu eternidad no es un misterio oscuro, sino una promesa segura en las manos de tu Salvador.
Ps. Eudomar Rivera