La promesa que va más allá de esta vida

MENSAJE DEL DÍA – 18 DE JUNIO

La promesa que va más allá de esta vida

Lectura Bíblica: Juan 3:16; Juan 5:24

«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.» (Juan 3:16)

Una historia para reflexionar

Un anciano creyente se encontraba en sus últimos días sobre la tierra. Su familia estaba reunida a su alrededor. Habían sido años de trabajo, sacrificios, alegrías y también dificultades.

Uno de sus nietos, con lágrimas en los ojos, le preguntó:

—¿Tienes miedo?

El anciano sonrió serenamente y respondió:

—No. He pasado toda mi vida preparándome para este momento. No estoy perdiendo mi hogar; estoy regresando a él.

Aquellas palabras llenaron de paz a quienes estaban presentes.

Mientras muchos ven el final de la vida como una puerta que conduce a la incertidumbre, el creyente sabe que es una puerta que conduce a la presencia de Dios.

Esa es la esperanza que encontramos en Juan 3:16.

La recompensa más grande

Cuando pensamos en recompensas solemos imaginar cosas temporales.

Una promoción.

Una casa.

Un reconocimiento.

Un logro importante.

Pero todas esas cosas tienen algo en común: son pasajeras.

La vida eterna, en cambio, es una recompensa que nunca termina.

Por eso Juan 3:16 culmina con una de las promesas más extraordinarias de toda la Biblia:

«…mas tenga vida eterna.»

No dice simplemente vida.

Dice vida eterna.

Una vida que jamás terminará.

Una vida en la presencia de Dios.

¿Qué es la vida eterna?

Muchas personas piensan que la vida eterna comienza después de la muerte.

Pero la Biblia enseña que comienza en el momento en que una persona pone su fe en Jesucristo.

Jesús declaró:

«De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna…» (Juan 5:24)

Observe el tiempo verbal.

No dice «tendrá».

Dice «tiene».

La vida eterna no es solamente una promesa futura.

Es una realidad presente para el creyente.

Una esperanza diferente

El mundo busca esperanza en muchas cosas.

Algunos la buscan en la riqueza.

Otros en el éxito.

Otros en los placeres temporales.

Pero todas esas cosas tienen límites.

La esperanza cristiana va más allá de esta vida.

Nos recuerda que nuestra historia no termina en una tumba.

Nos recuerda que la muerte no tiene la última palabra.

Nos recuerda que Cristo venció la muerte para que nosotros también pudiéramos vencerla.

La victoria de Jesús

La razón por la cual podemos tener esperanza eterna es porque Jesús resucitó.

La tumba quedó vacía.

La muerte fue derrotada.

El pecado fue vencido.

Cristo vive.

Y porque Él vive, nosotros también viviremos.

La resurrección no es solamente un acontecimiento histórico.

Es el fundamento de nuestra esperanza.

Si Cristo resucitó, entonces Sus promesas son verdaderas.

Y si Sus promesas son verdaderas, podemos confiar plenamente en la vida eterna que ofrece.

Un hogar preparado

Jesús prometió que estaba preparando un lugar para los suyos.

Un lugar donde no habrá más dolor.

Ni enfermedad.

Ni lágrimas.

Ni separación.

Ni sufrimiento.

La Biblia describe ese futuro como una realidad gloriosa donde estaremos para siempre con el Señor.

Todo lo que hoy nos causa tristeza desaparecerá.

Todo lo que hoy nos limita quedará atrás.

Y veremos cara a cara a Aquel que nos amó y se entregó por nosotros.

Vivir con perspectiva eterna

La promesa de la vida eterna cambia nuestra manera de vivir hoy.

Nos ayuda a enfrentar las pruebas con esperanza.

Nos ayuda a soportar las dificultades con fe.

Nos ayuda a recordar que las luchas presentes no son el final de la historia.

Cuando sabemos hacia dónde vamos, podemos caminar con confianza.

Cuando sabemos quién nos espera, podemos vivir sin temor.

Una invitación para hoy

Tal vez has estado concentrado únicamente en las preocupaciones de esta vida.

Dios quiere recordarte que existe algo mucho más grande.

Existe una eternidad preparada para quienes han puesto su confianza en Jesucristo.

La vida aquí es temporal.

La vida con Cristo es eterna.

Por eso nuestra esperanza no está limitada a lo que vemos.

Nuestra esperanza está anclada en las promesas de Dios.

Aplicación para tu vida

  1. Agradece a Dios por la promesa de la vida eterna.
  2. Vive cada día con una perspectiva eterna.
  3. No permitas que los problemas temporales te hagan olvidar las promesas eternas.
  4. Comparte con otros la esperanza que has encontrado en Cristo.
  5. Descansa en la certeza de que tu futuro está seguro en las manos de Dios.

Oración

Padre celestial, gracias por la maravillosa promesa de la vida eterna. Gracias porque por medio de Jesucristo puedo tener esperanza más allá de esta vida. Ayúdame a vivir cada día recordando que mi verdadera ciudadanía está en los cielos. Fortalece mi fe y permite que esta esperanza transforme mi manera de vivir. En el nombre de Jesús. Amén.

Verdad para recordar hoy

La mejor promesa de Dios no es algo que recibiremos por un tiempo; es una vida eterna en Su presencia.

Ps. Eudomar Rivera


Compartelo:
Translate »