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Le pido a Dios que hoy te envuelva con Su paz y te recuerde que no caminas solo.

Le pido a Dios que hoy te envuelva en Su paz y te recuerde que no caminas solo.

Hay días en los que avanzar cuesta más de lo habitual. Días en los que no todo está claro, en los que las fuerzas parecen disminuir y el corazón se llena de preguntas que no siempre tienen respuesta inmediata. A veces seguimos caminando no porque tengamos todas las certezas, sino porque detenernos duele más que seguir.

En esos momentos, la vida se parece a un sendero estrecho entre montañas. La vista es limitada, el camino parece oscuro y el silencio pesa. No siempre hay señales visibles de que vamos en la dirección correcta, pero aun así seguimos dando pasos, confiando en que cada uno nos acerca a un lugar mejor.

Quizás hoy te sientes así. Caminando por un valle que no elegiste, enfrentando situaciones que no planeaste, cargando preocupaciones que nadie más ve. Y es justo ahí, en ese lugar de vulnerabilidad, donde Dios suele recordarnos algo esencial: Él no nos abandona en los valles.

Historia

Alguien me contó la historia de un pastor que debía llevar a sus ovejas a través de un valle profundo para llegar a mejores pastos. El lugar era angosto, con sombras constantes y sonidos que fácilmente podían asustar a cualquiera. Las ovejas avanzaban nerviosas, mirando a todos lados, inquietas por lo desconocido.

El pastor no caminaba delante gritando órdenes. Caminaba en medio de ellas. Su vara no solo servía para defenderlas de peligros, sino también para guiarlas con suavidad cuando alguna se desviaba. Su bastón no era un símbolo de castigo, sino de cuidado, apoyo y dirección.

Al final del valle, el paisaje cambiaba por completo. Había agua, pasto fresco y descanso. Pero para llegar allí, era necesario atravesar primero la oscuridad. Ninguna oveja habría llegado sola. Todas lo lograron porque el pastor nunca se apartó de ellas.

Versículos a meditar

“Aun si voy por valles tenebrosos, no temeré ningún mal porque tú estás a mi lado; tu vara y tu bastón me reconfortan.” (Salmo 23:4, NVI)

REFLEXIÓN

Este versículo no niega la existencia de los valles. No promete que la vida sea siempre fácil ni que el camino esté libre de sombras. Lo que afirma con fuerza es algo más profundo: la presencia de Dios en medio de ellos. No es un Dios distante que observa desde lejos, sino un Pastor cercano que camina a nuestro lado.

Cuando atravesamos momentos difíciles, el temor suele aparecer porque sentimos que hemos perdido el control. Sin embargo, el salmo nos recuerda que la seguridad no proviene de dominar la situación, sino de saber quién nos acompaña. La paz no nace de la ausencia de problemas, sino de la certeza de Su presencia fiel.

La vara y el bastón representan guía, corrección y cuidado. A veces Dios nos corrige, otras veces nos sostiene, y muchas veces simplemente nos recuerda que no estamos solos. Incluso cuando no entendemos el porqué del valle, podemos confiar en que Él sabe hacia dónde nos está llevando.

Si hoy estás en un valle, no es el final del camino. Es parte del proceso. Dios no desperdicia el dolor ni la espera. En Sus manos, incluso los momentos más oscuros se convierten en espacios de formación, fortalecimiento y encuentro profundo con Él.

Aplicación diaria

  1. Reconoce delante de Dios el valle que estás atravesando, sin máscaras ni palabras bonitas.
  2. Recuerda conscientemente que Su presencia no depende de cómo te sientes hoy.
  3. Permite que Dios te guíe, aun cuando no entiendas completamente el proceso.
  4. Busca momentos de quietud para escuchar Su dirección en medio del ruido.
  5. Comparte este mensaje con alguien que también esté caminando por un valle.

Ps. Eudomar Rivera

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