fbpx

Nunca Solo: La Presencia Que Te Sostiene Cada Día

22 de Noviembre – Nunca Solo: La Presencia Que Te Sostiene Cada Día

Le pido a Dios que hoy sientas, de manera real y cercana, que no estás solo y que Su presencia te sostiene en cada paso.

Hay días en los que, aunque estemos rodeados de personas, el corazón se siente solo. Puedes estar en tu trabajo, en casa con la familia, en la iglesia o incluso en medio de una conversación, y aun así llevar dentro la sensación de que nadie realmente entiende lo que estás viviendo. Esa soledad interior pesa, cansa y, a veces, hasta asusta.

En esos momentos, los pensamientos se vuelven más fuertes: “¿Y si no lo logro?”, “¿Y si todo esto termina mal?”, “¿Y si nadie se preocupa realmente por mí?”. Es fácil creer que estás enfrentando la vida por tu cuenta, que todo depende de tu fuerza, de tu esfuerzo, de tu capacidad para seguir adelante. Y cuando sientes que tus fuerzas se agotan, parece que no queda más que resistir como puedas.

Pero Jesús no te llamó a vivir así. Él nunca prometió una vida sin luchas, pero sí prometió algo que lo cambia todo: Su presencia constante. No una visita ocasional, no un apoyo a ratos, sino una compañía fiel, diaria, inquebrantable. Y cuando esa verdad baja de la mente al corazón, ya no ves tus días igual; descubres que, aun en el valle más oscuro, no caminas solo.

Historia

Alguien me contó la historia de un hombre que pasó por una de las temporadas más difíciles de su vida. En pocos meses perdió su empleo, enfrentó problemas serios de salud y, además, sintió que algunas personas que consideraba cercanas se alejaron de él. Cada mañana se levantaba con un peso en el pecho, sin ganas de hablar con nadie, sintiendo que el mundo seguía su ritmo mientras él quedaba atrás.

Un día, desesperado, decidió salir a caminar solo. Mientras caminaba, empezó a hablar con Dios en voz baja, casi como un susurro: “Señor, de verdad me siento abandonado. Sé que tu Palabra dice que estás conmigo, pero yo no lo siento. Si de verdad estás aquí, por favor, házmelo saber de alguna forma”. No hubo una voz audible del cielo, ni un milagro espectacular en ese momento. Solo una suave convicción en su corazón que no podía explicar.

Cuando regresó a casa, abrió su Biblia “al azar” y sus ojos cayeron en una promesa que había leído antes, pero que esa tarde lo abrazó de otra manera. Era como si Dios le estuviera diciendo personalmente: “Yo no me he ido, sigo aquí, a tu lado, aun cuando no me ves ni me sientes”. A partir de ese día, las circunstancias no cambiaron de inmediato, pero algo sí se transformó profundamente: dejó de caminar como si estuviera solo y empezó a recordar, cada mañana, que Jesús estaba a su lado en todo.

Versículos a meditar

«Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.» (Mateo 28:20, NVI)

«¿A dónde podría alejarme de tu Espíritu? ¿A dónde podría huir de tu presencia? Si subiera al cielo, allí estás tú; si tendiera mi lecho en el fondo del abismo, también allí estás. Si me elevara sobre las alas del alba, o me estableciera en los extremos del mar, aun allí tu mano me guiaría, ¡tu mano derecha me sostendría!» (Salmo 139:7–10, NVI)

REFLEXIÓN

Cuando Jesús dijo: “estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo”, no estaba usando una frase bonita para cerrar su discurso. Estaba haciendo un compromiso eterno con sus seguidores. Él sabía que después de su resurrección, los discípulos enfrentarían persecución, miedo, dudas y momentos en los que sentirían que todo se les venía encima. Por eso no solo les dio una misión; les dio también una garantía: “No van a caminar solos, Yo iré con ustedes”.

La presencia de Jesús no depende de lo que tú sientes, sino de lo que Él prometió. Tus emociones cambian: hay días de entusiasmo y días de cansancio; momentos de fe fuerte y momentos en los que te cuesta creer. Pero la fidelidad de Cristo no cambia. Él no se aleja cuando tú te sientes débil, ni se esconde cuando tú no sabes qué hacer. Al contrario, su presencia se vuelve aún más valiosa cuando reconoces que lo necesitas para dar el siguiente paso.

El salmista descubrió que no había lugar donde pudiera escapar de Dios. Ni la altura del cielo, ni la profundidad del abismo, ni los extremos de la tierra eran demasiado lejos para Él. Eso significa que tampoco hay temporada de tu vida donde Él no pueda alcanzarte: ni la enfermedad, ni la crisis económica, ni la soledad, ni el duelo, ni la culpa. Donde tú ves “no hay salida”, Dios sigue viendo “aquí estoy contigo”. Su mano no solo te acompaña, también te sostiene cuando sientes que tus fuerzas se terminan.

Hoy, Jesús no te promete eliminar todos tus problemas, pero sí caminar contigo en medio de ellos. Y cuando Él está, cambia la forma en que miras la vida. Ya no ves los días como una batalla que tienes que ganar solo, sino como un camino donde cada amanecer es una nueva oportunidad para experimentar Su gracia, Su consuelo y Su dirección. Tal vez no puedas controlar lo que viene, pero puedes vivir con la certeza de que no darás ni un solo paso sin que Su presencia vaya delante, detrás y a tu lado.

Aplicación diaria

  1. Tómate hoy unos minutos en silencio y dile a Dios con sinceridad cómo te sientes: si te sientes solo, cansado o confundido, exprésalo tal cual. No necesitas palabras elegantes, solo un corazón honesto.
  2. Lee en voz alta Mateo 28:20 y Salmo 139:7–10, y después repite esta frase: “Jesús, aunque no siempre te vea, creo que estás conmigo”. Deja que esa verdad se repita en tu mente durante el día.
  3. Identifica un momento del día en el que normalmente te sientas más solo o abrumado (tal vez al manejar, al llegar a casa, o al acostarte) y conviértelo en tu momento especial para recordar: “No estoy solo, Su presencia me sostiene”.
  4. Piensa en alguien que también pueda sentirse solo y envíale un mensaje de ánimo, un versículo o una llamada breve. A veces, Dios usa tu vida para recordarle a otros que Él también está con ellos.
  5. Antes de dormir, haz una breve oración agradeciendo a Jesús por los momentos del día donde pudiste ver, aunque sea en pequeños detalles, señales de que Él estaba contigo: una palabra, una persona, una puerta abierta, una paz inesperada.

Ps. Eudomar Rivera

Compartelo:
Translate »
FHC Chatea ahora