Mensaje del Día – 26 de enero
Seamos Iglesia Viva
Bendición inicial
Le pido a Dios que hoy renueve tu fe, fortalezca tu esperanza y te recuerde que formas parte viva de Su obra en la tierra.
Introducción
Vivimos en una época donde muchas personas asocian la iglesia únicamente con un edificio, un nombre o una denominación. Para algunos, la iglesia es un lugar al que se asiste ocasionalmente; para otros, una estructura que funciona los domingos y se apaga el resto de la semana. Sin embargo, esa idea se queda muy corta frente a lo que Dios soñó desde el principio.
Cuando la vida se vuelve difícil, cuando llegan las cargas, el cansancio o la desilusión, no es un edificio el que abraza, escucha o acompaña. Son personas. Personas que oran, que caminan juntas, que lloran con los que lloran y celebran con los que se levantan. Allí es donde la iglesia se manifiesta con poder.
Dios nunca pensó la fe como algo estático ni aislado. La diseñó como una experiencia viva, relacional y en constante crecimiento. Cada creyente es parte esencial de ese cuerpo que respira, se mueve y refleja a Cristo al mundo. Hoy, Dios nos recuerda que no solo asistimos a la iglesia: somos la iglesia.
Historia
Conocí a un hombre que durante años asistió fielmente a la iglesia cada domingo. Llegaba puntual, se sentaba siempre en el mismo lugar y se iba apenas terminaba el servicio. Nadie dudaba de su constancia, pero su vida parecía desconectada de la comunidad. Un día, una fuerte enfermedad lo obligó a guardar reposo por semanas. Para su sorpresa, comenzaron a llegar visitas, llamadas, comidas preparadas y oraciones constantes. Personas que apenas conocía se turnaban para acompañarlo.
En medio de ese proceso, él confesó algo que marcó su vida: “Hoy entendí que la iglesia no es donde me sentaba cada domingo, sino las manos que me sostienen ahora”. Aquella experiencia transformó su manera de vivir la fe. Cuando se recuperó, dejó de ser espectador y comenzó a servir, amar y caminar junto a otros. Descubrió lo que significa ser parte de una iglesia viva.
Versículos a meditar
“Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo. Por su acción todo el cuerpo crece y se edifica en amor, sostenido y ajustado por todos los ligamentos, según la actividad propia de cada miembro.” (Efesios 4:15–16, NVI)
“También ustedes, como piedras vivas, están siendo edificados como casa espiritual para ser un sacerdocio santo.” (1 Pedro 2:5, NVI)
REFLEXIÓN
Ser iglesia viva significa comprender que nuestra fe no se limita a momentos puntuales, sino que se expresa en una vida entregada a Cristo y a los demás. La iglesia no funciona como una organización fría, sino como un cuerpo donde cada miembro es necesario y valioso. Cuando uno sufre, todos sienten; cuando uno crece, todos se fortalecen.
Cristo es la cabeza de la iglesia, y de Él fluye la vida que nos conecta unos con otros. No se trata de perfección, sino de dependencia. Dependencia de Cristo y compromiso con la comunidad. La vitalidad espiritual no surge del aislamiento, sino de caminar juntos, aun con nuestras diferencias, aprendiendo a amarnos como Él nos amó.
Una iglesia viva se reconoce por su capacidad de servir, de escuchar y de reflejar a Jesús en lo cotidiano. No se mide solo por reuniones llenas, sino por corazones transformados. Cada creyente tiene una función única que contribuye al crecimiento sano del cuerpo. Cuando uno decide no participar, algo falta; cuando uno se activa, todo se fortalece.
Dios hoy nos invita a revisar cómo estamos viviendo nuestra fe. No como consumidores espirituales, sino como discípulos comprometidos. Ser iglesia viva es permitir que Cristo viva en nosotros y, a través de nosotros, toque la vida de otros.
Aplicación diaria
- Examina tu manera de vivir la fe y pregúntate si estás conectado activamente con otros creyentes.
- Busca una forma concreta de servir esta semana, aunque sea pequeña y sencilla.
- Ora por alguien de tu comunidad y hazle saber que no está solo.
- Permite que Dios use tus dones para edificar a otros, no para guardarlos.
- Recuerda cada día que donde tú estás, allí la iglesia se hace visible.
Ps. Eudomar Rivera